Petroaudios: indigna pero no sorprende

El Apra nunca pierde en el PJ. Gran faenón fue la impunidad.

12 Ago 2017 | 6:00 h

Indigna pero no sorprende, porque si en algo está invicta la habilidad del Apra, es en su manejo de fiscalías y jueces para que nunca les pase nada a sus dirigentes principales, y esa lamentable verdad volvió a confirmarse con el tremendo enjuague del caso de los ‘petroaudios’, todo un himno a la impunidad.

Este no fue otra cosa que un megaoperativo de corrupción diseñado por ese pirata caribeño de Fortunato Canaán en complicidad con algunos ministros del gabinete presidido por Jorge del Castillo, así como con una parte del equipo de Palacio durante la presidencia de Alan García.

La lista de quienes fueron a la suite de Canaán en el Hotel Country Club quedó registrada en documentos y audios que captaron los diálogos entre Rómulo León y Alberto Químper, quien –a diferencia del ex ministro aprista– sí era un funcionario por ser miembro del directorio de Perupetro.

Se le puso el nombre de ‘petroaudios’ porque saltó a la luz cuando se adjudicó un lote de petróleo pero, en realidad, se trataba de un operativo mucho más ambicioso que incluía a varios sectores en los que se realizaría inversión pública que se pretendía canalizar para generar beneficios indebidos tanto a través de compañías seleccionadas, como para el otorgamiento de dinero –si salía la obra– para algunas campañas electorales.

¿Historia repetida, no? Un sector de particular interés para ese grupo era la construcción de hospitales en el contexto de la reconstrucción por el terremoto de Pisco. Pero el plan implicaba muchos sectores más.

Fueron audios chuponeados de manera ilegal pero cuya revelación periodística tenía un obvio interés público porque implicaba un uso indebido de recursos públicos.

Este columnista sabe bien de lo que está hablando, pues tuvo acceso directo a muchos de esos audios cuando dirigía el diario Perú.21, y aunque solo pudo publicar unos pocos que sí le fueron entregados, algo que coincidió con su despido de la dirección de ese periódico, sí escuchó muchos más y pudo constatar la inmundicia de gente que hasta hoy se quiere presentar como decente.

Ahora podrán seguir haciéndolo gracias a un fallo de impunidad, pero es claro que el mayor faenón aprista no fue el contenido de los ‘petroaudios’, sino el operativo que se lanzó, gracias a policías, fiscales y jueces, para eliminar audios y correos electrónicos e invalidar pruebas.

Ahí estuvieron las principales ratas de esta inmundicia: en el enjuague para que nadie salga judicialmente dañado. Indigna pero no sorprende. Así es, penosamente, el Perú.

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