Cuadernos de Economía

Aranceles: el ser o no ser que ha golpeado al planeta, por Eduardo Recoba

Se vuelven tóxicos cuando se imponen y no se exponen parafraseando al General Marín, o cuando su escenario base es “ciego” colocándose a países sin el menor trazado muestral o económico o sin la más mínima metodología “costo beneficio precio”. 

Y a nuestra región.

A propósito de la guerra comercial provocada por la primera economía del mundo a través de una poco ortodoxa política arancelaria, el presidente de los Estados Unidos -el heredero y antiguo actor de cameos de películas en los 90, Donald Trump [78]- desde que asumió su mandato en enero está colgado a marchas y contramarchas; mismas que han presionado la matriz comercial, política, económica, financiera y geopolítica global.

¿El daño de ello? ¿de jugar a un Hamlet maltrecho con el mundo indicando “aplico o no aplico aranceles”?; bien, el daño puede ser perpetuo: porque recomponer las relaciones entre economías puede llevar décadas.

En dos meses, entre enero y febrero, Trump destruyó dos siglos de entendimiento histórico, lingüístico y comercial en un añejo pero modernizado tratado con sus vecinos y socios -Canadá y México- por ejemplo; imaginen lo que puede hacer con países de menor calado en Latinoamérica como Perú, Chile o Colombia.

Aranceles: ¿son los malos de la película?

Los aranceles no son “malos” en sí; se trata de “impuestos” a productos [y servicios] importados.

Se vuelven tóxicos cuando se imponen y no se exponen parafraseando al General Marín, o cuando su escenario base es “ciego” colocándose a países sin el menor trazado muestral o económico o sin la más mínima metodología “costo beneficio precio”.

De la política arancelaria de Trump solo se conocen dos dimensiones, que su yerno buscó al “experto” -Peter Navarro, un economista y exconvicto que escribió del tema- y no se sabe porqué este muchacho lo “gugleó” porque Navarro ya había trabajado para el suegro en su primera administración; y dos, que Navarro inventó el nombre de un economista fantasma como fuente; y quizás una tercera, Navarro le dijo a Elon Musk “ensamblador” de autos se entiende tras decirle -Musk- “idiota”. Así estamos.

“Exportemos inflación y recesión”

La presión de esta disruptiva “política” cuelga sobre el sistema de precios de la economía estadounidense, donde se registra una inflación instalada desde la última semana de enero que porfía en ceder a rangos meta del Sistema de la Reserva Federal [FED] o banco central de los Estados Unidos.

En marzo, según la autoridad estadística federal, la variación del índice de precios al consumidor [IPC] ató de +3,0% interanual; el tope de la FED es del +2,0%.

El productor local recibe bienes y servicios con un sobrecosto [el arancel], y tras ello se lo traslada al consumidor final a través del precio de venta al público. Se añaden deportaciones masivas, donde ya no es “José” el que construye o recoge naranjas o sirve el café con hamburguesa a US$ 5 la hora ser humano y sin derechos laborales: sino, Joe -estadounidense- que cobrará US$ 13 o US$ 15 la hora y con derechos laborales. Resultado, contrato menos, diseño menos turnos o los cierro; en corto: estancamiento o recesión.

Estados Unidos -se conoce- es un gran exportador de dos productos “muy contaminantes para el planeta”: inflación y recesión.

Los cien días del Trumpeconomics

A cien días del inicio de la era Trump II, este desbarató los mercados mundiales; exportó inflación y existe un 40 a 60% de posible recesión según bancos de inversión.

En Estados Unidos, no existirá una política pública para mitigar pobreza, falta de vivienda pública, diseñar programas de salud pública, desmantelar precariedad de miles sin techo, luchar contra el flagelo del Fentanilo desarrollado en laboratorios europeos y de Estados Unidos [y que ataca -sobre todo- a población homeless, afroamericana, hispana y white gueto].

La diversidad no existe más: afroamericanos, nativo americanos, asiáticos, colectivo LGBTI, etc. marginados de las instituciones públicas; incluye fuerzas armadas y memoria histórica.

La independencia de la FED, en riesgo de desaparecer.

Las mega fortunas y mega sueldos apenas unos metros de ser liberados de cargas impositivas, poniendo en peligro el déficit fiscal. Riesgo que se sentirá en pocos meses en salud, educación, cultura, infraestructura, etc. Estados Unidos registra posiciones vergonzosas en la prueba PISA, mortalidad infantil, embarazo adolescente, violaciones.

Los medios, cada vez más copados y colgados a la propaganda trumpista que genera odios, xenofobia, homofobia, nativismo, nacionalismo.

Estados Unidos no obstante lastra -y hay que decirlo- de otras administraciones no solo una vocación a ser una plutocracia, sino fuertes resabios en políticas públicas pero había determinado ecosistema democrático; al menos, un mínimo de espacio democrático y de Estado de Derecho.

...con esta gestión colapsará esa maltrecha -por décadas- democracia.

Trump y su gente cambió el "God bless America" por el "Sell America".

“Make Latinamerica inferior again”

China anota un 145% [y más] de aranceles desde Estados Unidos, y desde el coloso asiático este respondió con una artillería similar de 125% contra la primera economía mundial.

No obstante, según el índice de gerentes de compras [PMI en inglés] este recortó en 49 enteros [encima de 50 unidades es “bueno”], siendo la métrica más austera desde el 2023. Y si China no compra, la región -nosotros- no vendemos.

Pongamos como ejemplo a dos economías andinas: Perú y Chile.

Ambas explican más de la mitad de sus despachos exportados en mineral, en concreto, en cobre.

China es el mayor fagocitador del metal bermejo para su matriz fabril. Si esta se ajusta, ambas economías andinas no podrán subirse a la ola de precios cupríferos de US$ 4,5 la libra: a marzo, el gigante asiático recortó la demanda del metal rojo en -1,4% interaño. 

De momento, al Perú -según rol de Trump de inicios de mes antes de su pausa de 90 días- le ha tocado en suerte un 10% de arancel [recíproco: que es una forma elegante de decir: “o negocias conmigo o te coloco más gravamen”], y a productos que no registran una incidencia clave en la economía local; pero, ¿qué pasa si Hamlet Trump cambia de opinión y nos anota un arancel al cobre por ejemplo?

Chile, desde febrero, ya tiene una mesa multisectorial de defensa arancelaria para su cobre.

El Perú de Dina Boluarte, no: evidentemente, ella y sus ministros andan más preocupados porque no anden de a dos en moto que en defender al 60% de nuestras exportaciones explicadas en minerales.

No obstante, estoy de acuerdo con el exministro Luis M. Castilla cuando advierte que “la mesura es lo más aconsejable” porque con un Trump que hace unas horas salió con que desea ser Papa, ya no podemos asegurar si va en modo broma o no.

FIN.