El Ministerio de Cultura no cumple su función: el molino de Aliaga representa un peligro para la presidenta Dina Boluarte
En lugar de proporcionar soluciones inteligentes u originales, solo obedece mandatos. El Mincul desconoce lo que en su momento aprobó.

En el año 2021, en plena pandemia, conversé con el arqueólogo Héctor Walde (1967-2023) de ProLima, sobre un descubrimiento que se acababa de hacer: su equipo de trabajo había encontrado el molino que pertenecía a Gerónimo de Aliaga, uno de los conquistadores que estuvo al lado de Francisco Pizarro. Walde estaba sorprendido por lo que hallaron. Este molino era de mediados del siglo XVI, el cual estuvo en funcionamiento casi 200 años. Los arqueólogos, al notar un extraño hundimiento debajo de la alameda Chabuca Granda, siguieron la ruta hasta dar con el molino.
Los trabajos siguieron (los puede ver cualquier persona que pase por el Puente Trujillo) con la intención de unir el Arco del Puente (descubierto en febrero de este año) con el Molino de Aliaga, hecho que arrancó a mediados del pasado mes de agosto, pero no pasó mucho tiempo para que un runrún quebrara la tranquilidad. Desde Palacio de Gobierno no se veía bien que esos trabajos continuasen, ya que la zona de la excavación cruzaba la calle, con acceso restringido, ubicada en la parte posterior de Palacio. Estas excavaciones contaban con la autorización del Ministerio de Cultura, pero como la orden venía de Palacio bajo el argumento de garantizar la seguridad de la presidenta Dina Boluarte (vía de escape ante un atentado, a saber), el Mincul dejó de reconocer lo que en su momento aprobó y ahora exige que las investigaciones arqueológicas sean anuladas. Poco tiempo atrás, el Despacho Presidencial pidió la suspensión de las obras.
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Esta situación, que enfrenta a Prolima con la PCM y el Mincul, evidencia, una vez más, la utilidad del Mincul para los caprichos de la presidenta. En lugar de proporcionar soluciones inteligentes u originales, solo obedece mandatos. La seguridad es el pretexto, lo que no quieren ver desde Palacio es el proceso de las obras. El Mincul está perdido en caerle bien a la mandataria en lugar de prestar atención a lo que viene sucediendo con nuestro patrimonio cultural. A saber, el atentado al paisaje que es parte del complejo arqueológico Cardal, en Lurín. La furia inmobiliaria hace lo que quiere ante la inexistencia de un regulador, rol que debería cumplir el Mincul. Imaginen Machu Picchu rodeado de edificios. Eso está pasando en Cardal.
Lo que está sucediendo con el molino de Aliaga no es una censura ideológica, sino una censura motivada por el mero capricho. Este tigre ya tiene muchas rayas.






















