Gracias, Sra. K

Sabemos que estas iglesias son verdaderas lavanderías sagradas. ¿Cómo hizo el pastor Santana para recolectar 600 mil dólares y “comprar” estos terrenos del estadio victoriano?

Sabemos que estas iglesias son verdaderas lavanderías sagradas. ¿Cómo hizo el pastor Santana para recolectar 600 mil dólares y “comprar” estos terrenos del estadio victoriano?

Tiembla Sanmartincito. Aquel prodigio de hacer comer en el mismo plato a perro, gato y pericote es nada en comparación al milagro de la señora K: unir a Trinchera Norte y Comando Sur en su animadversión contra el fujimorismo y las malas artes de ciertos pastores evangélicos.

No me sorprendería saber que el pastor Alberto Santana se prestó para armar toda una cortina divina para distraer la atención a la presentación de la señora K en el Congreso. Pero el tiro (o el milagro) salió por la culata. Cremas e íntimos representamos las dos terceras partes de la hinchada local y ahora compartimos la misma indignación por la invasión del estadio de Matute y el atropello sacrílego de esos fieles sicarios de la iglesia El Aposento Alto… y sus socios fujimoristas.

Y ahora también sabemos que estas iglesias son verdaderas lavanderías sagradas. ¿Cómo hizo el pastor Santana para recolectar 600 mil dólares y “comprar” estos terrenos del estadio victoriano? El informe firmado por la colega Lupe Muñóz y publicado en La República, nos presenta reveladores detalles del prodigio.

El primer milagro fue que el pastor Santana ganó 600 mil dólares por la venta de sus libros. Es decir, ganó más que con la venta de biblias en lo que va del siglo XXI. Ojo que no es la primera vez que se usa este argumento divino: Alan García nos intentó convencer que su fortuna responde a la venta de sus “libros” y de sus conferencias internacionales.

Pero dios no abandonó al pastor Santana y el segundo milagro fue la aparición de un “dueño” de los terrenos del estadio íntimo. Se trata de don Julio Saquicuray Pérez, de 93 años, quien no puede ni estampar su firma pero -oh prodigio- contó con el apoyo celestial de su hijo, don Carlos Saquicuray Sánchez, quien dejó su rúbrica en nombre del padre.

El tercer milagro está ahora en manos de la señora K y de sus amigos en la Fiscalía para evitar una sanción penal al pastor invasor.

Te puede interesar