El sur se seca mientras el norte se inunda

El Día Mundial de Lucha contra la Desertificación recuerda que el Perú tiene dos emergencias hídricas simultáneas que el Estado administra por separado.

El 17 de junio, Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, encuentra al Perú en una situación que los datos confirman con claridad. Mientras el norte acumula caseríos aislados y ríos desbordados por las lluvias asociadas al Fenómeno El Niño, el sur enfrenta una emergencia opuesta. El Senamhi documentó retrasos significativos en la campaña agrícola 2025-2026 en Cusco, Puno, Arequipa, Apurímac, Ayacucho y Tacna, con cultivos que presentan síntomas de marchitez y siembras postergadas por la escasez de humedad. Un mismo fenómeno climático produce dos catástrofes simultáneas en extremos opuestos del territorio.

El impacto en la producción agrícola es concreto. En Cusco, apenas el 30% del recurso hídrico se distribuye de manera adecuada. En Puno, la quinua acumula pérdidas históricas en temporadas de déficit hídrico. El sector pecuario altoandino atraviesa también una crisis, con pastos escasos que amenazan los rebaños que sostienen la economía de las comunidades más remotas. En Arequipa, miles de hectáreas de olivo, papa y cebolla en la provincia de Caravelí acumulan riesgo de pérdida total.

El Perú es uno de los países con mayor disponibilidad de recursos hídricos per cápita del mundo, pero esa abundancia global contrasta con una distribución profundamente inequitativa. El agua está donde la gente no está, y la gente está donde el agua falta. La gestión hídrica peruana opera con lógica de emergencia: cuando llueve en exceso se construyen defensas ribereñas de apuro y, cuando hay sequía, se rehabilitan pozos de urgencia. Lo que el país aguarda es una política nacional del agua con inversión sostenida, protección de cuencas y sistemas de almacenamiento.

El gobierno que asuma en julio hereda las dos emergencias al mismo tiempo. Una Autoridad Nacional del Agua dotada de recursos y capacidad de planificación de largo plazo es la señal más concreta que puede dar en materia ambiental. Un país que gestiona bien su agua resiste mejor las sequías, amortigua mejor las inundaciones y protege mejor su producción agrícola. El cambio climático ya es una emergencia presente en el territorio peruano. La evidencia está en los dos extremos del mapa: el norte que se inunda y el sur que se seca, en el mismo momento, bajo el mismo gobierno.