Lic. en Comunicación y Mag. en Estudios Culturales. Cobertura periodística: golpe contra Hugo Chávez (2002), acuerdo de paz con las...
Fiel a su estilo exagerado y triunfalista, Donald Trump ha salido orondo de la cumbre con Xi Jinping en Pekín, como si hubiera ganado el juego de damas chinas. Ha anunciado que ambos hicieron acuerdos comerciales magníficos y que acordaron tener una relación estratégica. Pero hay algo en lo cual parece haberse revelado su debilidad en este paseo aparentemente feliz.
Pese al hermetismo —casi oriental— sobre lo que conversaron, uno de los temas tratados habría sido el pedido de Washington a Pekín para que movilice sus buenos oficios a fin de que Teherán finalmente acepte un acuerdo. Como China está siendo afectada por el bloqueo del estrecho de Ormuz, es posible que actúe en ese sentido y haga sentir su peso global.
De pronto lo hace de manera discreta, sin cámaras ni discursos; como fuere, en los hechos eso significará lanzarle un salvavidas geopolítico a la gran potencia militar mundial, que está sumergida en un laberinto bélico del que no puede salir. Pronto sabremos cuál es la resultante real de esta reunión por todo lo alto, aunque todo sugiere que Trump no ganó la partida.
Aun cuando medios chinos han informado que la República Popular le comprará chips a EE. UU., y el propio presidente republicano ha dicho que también aviones Boeing, pedir ayuda diplomática para salir de una hoguera es algo que vale tanto como millones de yuanes. Jugar a la guerra siempre es un mal negocio, incluso si se tiene un presupuesto militar astronómico.
Al mismo tiempo, China ha sido irreductible en su posición frente a Taiwán (territorio que considera una provincia rebelde) y ha advertido a EE. UU. que de ahí no se mueve. Es el único frente donde, eventualmente, podría recurrir a las armas. Por lo mismo, esperemos que a Trump no se le ocurra poner un post en su red Truth Social declarando a la isla el estado 52.
¿Habrán hablado del puerto de Chancay? Solo Confucio lo sabe. Aunque es imaginable que, en una esquina de la conversación, haya aparecido aquel país del patio trasero, que mientras todo esto ocurre sigue pensando que más importante es contar unos votos inexistentes. Y en el que, a algunos, sí les encantaría sumar una estrellita más a la hoy ambiciosa bandera norteamericana.

Lic. en Comunicación y Mag. en Estudios Culturales. Cobertura periodística: golpe contra Hugo Chávez (2002), acuerdo de paz con las FARC (2015), funeral de Fidel Castro (2016), investidura de D. Trump (2017), entrevista al expresidente José Mujica. Prof. de Relaciones Internac. en la U. Antonio Ruiz de Montoya y Fundación Academia Diplomática. Profesor de Relaciones Internacionales en la Pontificia Universidad Católica del Perú y Fundación Academia Diplomática.