Milei frente a sus propias contradicciones

Los escándalos de corrupción están minando las bases electorales que lo llevaron al poder.

El gobierno de Javier Milei nació con la fuerza de un discurso radical de derecha que prometía arrasar con “la casta” y desmontar un sistema político corroído por la corrupción y el manejo irresponsable de la economía. Ese relato inicial, que caló en amplios sectores de argentinos cansados de la inflación crónica y de la impunidad de la dirigencia, hoy se desdibuja aceleradamente frente a la realidad.

Lo que comenzó como una arremetida contra la política tradicional ha terminado por reproducir las mismas prácticas que decía combatir. Los casos de presunta corrupción que involucran a su entorno más cercano, donde se encuentra su propia hermana Karina Milei, sumados a la pérdida de legisladores propios y a las tensiones internas de La Libertad Avanza, evidencian un gobierno atrapado en contradicciones.

Y, en lugar de responder con pruebas a las denuncias que vienen desde el escándalo del Criptogate donde también estaría involucrada su hermana, Milei ha continuado aislándose y ha terminado erosionando la confianza de quienes lo acompañaron en las urnas, incluso los que se mostraron desde las redes sociales como más fieles.

El Congreso, al que el presidente intentó reducir a un obstáculo de la “vieja política”, ha mostrado, en más de una ocasión, que no está dispuesto a ceder en su rol de contrapeso. Incluso senadores y diputados de otros partidos más vinculados al macrismo que en un inicio simpatizaban con su agenda han votado en contra de medidas que significaban recortes brutales en la protección social de los más pobres.

El resultado es claro: un Ejecutivo que se ve bypaseado por un Parlamento que, pese a sus defectos, hoy actúa como freno a un programa de desmantelamiento del Estado sin considerar los costos humanos.

La ironía es evidente. Milei se presentó como el adalid de una “revolución libertaria” para rescatar a la Argentina del fracaso económico, pero ha terminado repitiendo viejas recetas de ajuste, debilitando sus propias filas y, lo más grave, traicionando las expectativas de una ciudadanía que lo eligió harta de la manipulación monetaria y de la corrupción enquistada. Una fractura que, como ya ha ocurrido en comicios previos, está dibujando una realidad electoral distinta en las elecciones provinciales que están sucediendo en toda la Argentina.

Argentina, una vez más, paga con incertidumbre y desencanto el precio de líderes que confunden la épica del cambio con la gestión responsable del poder.