
El pasado viernes concluyó en México el Foro América Libre, donde, por segundo año, nos reunimos políticos de América Latina y organizaciones defensoras de la libertad. Aunque cada país tiene sus particularidades, enfrentamos problemáticas comunes: inseguridad, dictaduras, autocracias, manipulación de sistemas electorales y judiciales, corrupción, factores que facilitan la entrada del crimen organizado. Se destacó la urgencia de una lucha transnacional para enfrentar estas amenazas.
La coyuntura en México nos recuerda traiciones políticas; personas de quienes se esperaba actuarían con principios lo hicieron en sentido contrario. En nuestro Congreso, también tenemos a quienes apoyan leyes contrarias al sentido común y al país. Sin embargo, el foro también trajo voces alentadoras.
María Corina Machado, desde la clandestinidad, nos conmovió al subrayar la importancia de la libertad en América y la dramática realidad de Venezuela. Asistieron presos políticos liberados e hijos de quienes aún luchan por justicia, contando sus historias estremecedoras.
Senadores, diputados y líderes decidieron dedicar su vida a defender la libertad. Las ideas expresadas dejaron claro que los matices ideológicos son irrelevantes ante la amenaza de gobiernos autocráticos y mafias. Lo único valioso es nuestra libertad; cuando el miedo entra por la puerta, la libertad sale por la ventana.
Los desafíos de América Latina son enormes y requieren valor, pero también eficiencia en la gestión para cerrar brechas y reducir desigualdades. Solo con una administración eficiente y comprometida podremos superar los obstáculos y construir un continente con libertad, donde todos tengan las mismas oportunidades. Con unidad, amor por nuestra tierra y una visión clara, lograremos un futuro en el que la libertad y la igualdad vayan de la mano.

Hoy, dejar caer la Beca 18 es repetir esa misma crueldad, miles de jóvenes quedándose sin la posibilidad real de mirar el futuro con esperanza.

Si nos detenemos un momento, todavía podemos encontrar un camino que nos devuelva un poco de esperanza.

Está en esos jóvenes que no se resignan, que no se rinden, aunque estén decepcionados de la política y de los políticos.

No nos piden discursos. Nos exigen responsabilidad. Tendrían que escucharlos un poco más y quizá entenderían.

" Nuestras Fuerzas Armadas y la Policía Nacional no necesitan favores ni perdones políticos que las envilecen, sino justicia, respeto y elecciones limpias"