Las sinrazones de Soto
El abuso de poder contribuye a la masiva decepción de la ciudadanía en la política.

El actual presidente del Congreso, Alejandro Soto, comenzó su mandato con algunas mentiras flagrantes, muestras concretas de abuso de poder y algunos sinsentidos. Por lo pronto, la historia del hijo con la hermana de su trabajadora que, por cierto, no es su cuñada. Y la demostración fehaciente de una relación con la mamá del menor, que parece todo menos fugaz, al haber sido ambos —madre e hijo— partícipes de la ceremonia de su nombramiento en el Congreso hace pocos días.
Podría tratarse de una más de las anécdotas a las que nos tiene acostumbrados un Poder Legislativo que ha ido perdiendo legitimidad frente a la ciudadanía, por este intento siempre presente en los representantes de la patria de “ganarse alguito”. Soto no es ajeno a esta seguidilla de escándalos de mochasueldos, vacacionantes con pasajes y viáticos estatales, veraneantes con cámara escondida y tantos otros despropósitos.
El caso del señor Soto, militante de la organización de César Acuña, va un paso más adelante de este anecdotario, al haberse favorecido personalmente con una medida adoptada por el Congreso, contraviniendo todas las recomendaciones de los órganos judiciales, con la que se disminuyó el plazo para que determinados procesos judiciales prescriban en un año.
Esta reducción del plazo legal para solicitar la prescripción lo favoreció directamente. Soto se acogió a esa disposición modificada con su voto, y logró evadir una pena de 8 años y 8 meses solicitada por la Fiscalía de Cusco debido a un caso de estafa en el que estaba envuelto.
Sin embargo, al ser cuestionado por haber utilizado en su beneficio una norma que a todas luces ha sido dada para favorecer a algunos personajes como el propio Joaquín Ramírez, exsecretario general de Fuerza Popular, quien ya se acogió a ella; el congresista y ahora presidente del Congreso mintió. Dijo que el archivo de su proceso se dio en el 2019. Se ha comprobado que no fue así y que sí utilizó en su beneficio la prescripción recortada por la que votó.
Su propio jefe de partido, César Acuña, ha señalado que el congresista Soto no fue el que aprobó la medida, sino que lo hizo el Pleno. Una versión moderna de Fuenteovejuna, que solo pretende la impunidad y el beneficio personal.





