Una movilización madrugadora, por Mirko Lauer

"Los organizadores deben tomar en cuenta que cualquier movilización menor que la de la vez pasada será un punto a favor del Gobierno contra el que se marcha".

Lauer
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La movilización fijada para el 19 de julio próximo es una caja de símbolos. Evoca el exitoso paro nacional de 1977, que aceleró mucho la partida del régimen militar. Además es un relanzamiento de la protesta que acompañó la caída de Pedro Castillo, con sus dos propagandísticas “tomas de Lima”. Ahora Puno anuncia una tercera.

El objetivo más evidente es demostrar que el ánimo de la protesta de diciembre del 2022 hasta inicios de este año no se ha apagado del todo. Con eso las diversas dirigencias semianónimas del asunto se juegan un huacho político. Los paros y marchas de estos últimos meses no han sido particularmente notables, ni han remecido nada.

Pero el huacho político es complejo, y tiene varios objetivos, unos coincidentes, otros diferenciados. Uno es sonar en medios y redes, otro es asustar al orden establecido, otro es ejercer presión para resolver reclamos. También se trata de mostrar que hay músculo, y de probar las aguas frente al futuro electoral.

Viajar hacia atrás en el tiempo (1977, 2022) y expresar ira contra las dos ramas del Gobierno no parece suficiente para movilizar una buena protesta en estos tiempos, no importa cuán justa. Menos todavía al filo de las Fiestas Patrias, con los diluvios que acompañan, las gratificaciones y el clima festivo, cuando hay las dos cosas.

Las mismas fuerzas que insisten en que el sistema ha dejado de ser democrático parecen convencidas de que la demostración en las calles del disgusto popular de la hora bastará para afectar a Dina Boluarte y al Congreso. Por ese camino la protesta de la vez pasada solo logró sacar a la luz una vocación derechista de Boluarte.

Quizás una carta de éxito para la movilización sería moverse del argumento exclusivamente político (“Dina asesina”) a un reclamo económico (“El pueblo tiene hambre”). Lo que no funciona, y hasta podría ser contraproducente, es el desdén frontal contra los símbolos patrios, como ha ocurrido en Puno hace poco.

Los organizadores deben tomar en cuenta que cualquier movilización menor que la de la vez pasada será un punto a favor del Gobierno contra el que se marcha. Quizás no es motivo para quedarse quieto. Pero sí para calcular bien con qué propósito se marcha, y si este es viable o conveniente.