Opinión

Élites, lo que ellas hacen

"Para Mishra modernizarse ha sido una forma de salvarse en los pasados 200 años. En el Perú algunos pueblos lo han logrado (a escala local), otros no, y ahora las diferencias resultantes han aparecido como parte del paisaje político nacional".

Mirko Lauer
Mirko Lauer

Nathan Gardels, en la revista Noema, comenta que para el escritor Pankaj Mishra “la humillación y la falta de respeto es lo que impulsa aquella historia que termina mal”. La idea interesa al Perú, puesto que ambas formas de desdén son mencionadas a menudo por los defensores de la pasada protesta, sobre todo en el sur andino.

Para el hindú, entonces, no son cosas como la competencia económica o la postergación social lo que causa conflictos que pueden llegar a ser guerras, sino los resentimientos en pueblos, naciones o países con falta de reconocimiento. Esto sería especialmente fuerte en colectividades que llegaron tarde a la modernización occidental.

Mishra, citado por Gardels, se refiere a Jean-Jacques Rousseau como el primer “populista intelectual” que tocó este tema en la Francia del siglo XVIII. Así devino vocero “de una gran parte de la población que se siente despreciada y humillada por... una élite que se reclama cosmopolita y mira mal a la gente de las provincias”

En términos muy gruesos, lo anterior definiría la percepción de las regiones peruanas frente a los limeños, al menos los que no son llamables provincianos. Pero el ensayo que citamos extiende esta mala sangre al conflicto entre China y los EE. UU., o los BRICs y todas las potencias occidentales del mundo.

En el caso peruano la intensidad del racismo que flota en el ambiente prácticamente exonera de mayores comentarios. Sin embargo esta mala práctica humana trae un conflicto cultural equivalente a que el país se dispare en el pie a toda hora. En el ensayo citado se habla de avances no reconocidos (China, India); aquí el problema es la imposibilidad de avanzar.

Para Mishra modernizarse ha sido una forma de salvarse en los pasados 200 años. En el Perú algunos pueblos lo han logrado (a escala local), otros no, y ahora las diferencias resultantes han aparecido como parte del paisaje político nacional. Puno, donde la protesta dura, acaso se sienta más postergado culturalmente que las demás regiones.

Pero Puno no es un “recién llegado” a la democracia peruana, sino un conglomerado humano mal comprendido, que ha tomado a sus muertos no solo como una represión violenta a secas, sino además (y esto sería lo principal) como una deliberada humillación cultural.