Título de propiedad a la muerte, por René Gastelumendi
Van cerca de 30 veces, en los últimos 120 años, que las quebradas nos avisan que siempre, siempre despertarán.

Hay quebradas dormidas que despiertan todos los años, hay quebradas dormidas que despiertan cada vez que hay un fenómeno de El Niño o una anormalidad climática que se le parezca, pero despiertan. El guion es el mismo, tan simple como letal: si ocupas una quebrada, tarde o temprano sufrirás las consecuencias de las lluvias torrenciales.
El agua se encauzará y pasará por las quebradas, marcadas, señalizadas, mapeadas, claramente, como señales de peligro que nadie empelota. El agua, barro, el lodo, el huaico, arrollará e inundará todo a su paso, alimentándose segundo a segundo de todo lo que encuentra, incluyendo tu propia existencia y la de los tuyos. Vivas en Punta Hermosa o vivas en San Juan de Lurigancho, la naturaleza recorrerá sus huellas, esas huellas por donde decidiste levantar tu casa de playa o tu casa para sobrevivir.
Los huaicos no discriminan y no podemos achacarle este drama solo a la pobreza, porque la negligencia tampoco discrimina. Sin embargo, hay una diferencia enorme entre levantar la única posibilidad de casa propia que te ofrece la vida y levantar tu segunda casa en un balneario. Las constructoras formales siguen vendiendo predios en estas quebradas, los traficantes de terrenos, también, luego padece el rico y padece el pobre, pero el pobre, claro está, padece más, porque con el huaico se le va la vida.
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¿Es tan difícil lograr un consenso de ordenamiento territorial, de traslado de urbanizaciones a lugares seguros en donde la naturaleza no esté en ristre porque interrumpes, te cruzas con su curso? Sí, es extremadamente difícil, en un país geográficamente tan complejo, con tanta división administrativa, con feudos, microfeudos y regiones incapaces de pensar en plural, con alcaldes que, cada campaña, ofrecen darle títulos de propiedad a la muerte, al peligro, con congresistas a quienes lo impopular aterra, con candidatos presidenciales, municipales y regionales que solo quieren votos.
Ahora son las lluvias, luego serán los sismos y así, periódicamente, la naturaleza no se cansará de plantearnos lecciones que no aprendemos, nunca aprendemos. Van cerca de 30 veces, en los últimos 120 años, que las quebradas nos avisan que siempre, siempre despertarán.






