Cuestionar la belleza, por Lucia Solis
“Cada mes, cada año, toda la vida, se promueven patrones de belleza únicos en los que muchísimas mujeres latinoamericanas no calzamos. Estos estereotipos no se quedan en concursos como Miss Universo, sino que se trasladan a la articulación de la sociedad misma”.

En dos días tendrá lugar una edición más de Miss Universo, el concurso que desde hace siete décadas reúne a mujeres de más de 80 países para competir por ser la más bella de todo el planeta. Nuestra representante será Alessia Rovegno, modelo y cantante alta, altísima, rubia y, sobre todo, flaca.
No es un secreto que competencias como Miss Perú, Miss Mundo o Miss Universo premian, en realidad, la excelencia dentro de la hegemonía; o sea, a quienes calzan en la idea de belleza que se nos impone en la actualidad. En estos certámenes no hay mujeres bajitas o con alguna discapacidad visible. Pero, especialmente, no hay gordas. Este último es un aspecto particularmente sensible al comienzo del año, momento en que la publicidad y otros espacios se llenan de mensajes ‘’alentadores’' sobre empezar la dieta y la rutina de ejercicios. Quizás por eso el medio feminista mexicano Malvestida describió a enero como ‘’el mes de la gordofobia’' en uno de sus artículos.
Aclaración. Esto no va contra Alessia Rovegno ni ninguna de las anteriores representantes nacionales, así como tampoco se debe tomar literal la asociación a la gordofobia a un mes específico porque, en realidad, se trata de un sistema de opresión que atraviesa todos los aspectos de la vida de una persona. Puede que enero sea el mes más gordofóbico, sí, porque es cuando se intensifican los mandatos de los ‘’cuerpos de playa’', la ‘’operación bikini’' y el clásico ‘’el lunes empiezo’', pero no es el único.
Cada mes, cada año, toda la vida, se promueven patrones de belleza únicos en los que muchísimas mujeres latinoamericanas no calzamos. Estos estereotipos no se quedan en concursos como Miss Universo, sino que se trasladan a la articulación de la sociedad misma, una sociedad en la que las personas gordas no son consideradas saludables (pese a que la salud no está necesariamente relacionada con el tamaño del cuerpo), en donde son señaladas negativamente y representadas en espacios de socialización como lo que uno, una, nunca querría ni debería ser.
La gordura puede estar acompañada de otras formas de identidad históricamente violentadas como la orientación sexual, la identidad de género, la clase social y la raza. No es Miss Universo, es la vida. Y no eres tú, es todo lo que te rodea. Existen muchas mujeres y personas de otras diversidades sexo genéricas que enfrentan sus propios sesgos gordofóbicos y a quienes más veces de las que les gustaría odian al reflejo de sus espejos. A las que se les ha negado un trabajo, a quienes se les ha juzgado en un consultorio médico por temas asociados con su peso, a quienes se les ha insultado en casa, en el colegio y en la calle por ser como son.
Que Miss Universo sea una excusa para admirar la belleza, pero también para preguntarnos si aquella delgadez supone la única manera de ser hermosa y saludable; para demandar una representación justa, diversa e inclusiva.






