Hernán Chaparro

Hernán Chaparro

Profesor e investigador en la Universidad de Lima, Facultad de comunicación. Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre cultura política y populismo. Twitter: @hchmel

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La sociedad en busca de democracia

“¿Para qué votar?, se preguntarán los electores. Otro indicador es la baja participación que se ha visto entre los militantes al momento de escoger a sus candidatos...”.

Psicólogo social, Facultad de Comunicación, Universidad de Lima

En otros momentos de nuestra historia hemos vivido crisis políticas sumamente complicadas, por lo que esta no es la primera y seguro no será la última. Sin embargo, lo que caracteriza este momento es la sensación de que ninguna de las alternativas con capacidad de operación política satisface a la ciudadanía ni a la sociedad civil. Hasta los antis están agotados. La vivencia del vacío de alternativas a este nivel lleva a profundizar una dispersión que estaba instalada, pero que ahora se agrava. Sin embargo, uno escucha, ve y lee que son varios los que paulatinamente comparten esta preocupación y buscan salidas. Durante un tiempo la búsqueda de luces ha estado centrada en el debate jurídico de corto plazo, pero el político (en el sentido amplio de la palabra) e institucional se va haciendo un espacio. Iniciativas como las de la Coalición Ciudadana o el espíritu de quienes estuvieron hablando de valor compartido en la reciente CADE dan cuenta de inquietudes que buscan retomar vínculos desde los sectores organizados de nuestra ciudadanía. El espejo en el que nos miramos refleja un lado político partidario desagradable, pero la reflexión y el debate permiten ver que no somos solo eso.

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¿Las salidas vendrán desde los partidos? El resultado de las elecciones para el Congreso del 2020, así como las presidenciales del 2021 y las regionales del 2022, dan cuenta de un voto muy fragmentado que pone en evidencia que la gente no ve a los partidos como un canal para la solución de sus inquietudes. En las elecciones para el Congreso del 2020, Ipsos identificó que una semana antes de las elecciones el 50% no había decidido su voto. Lo mismo ha visto el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) para estas elecciones regionales y municipales. ¿Para qué votar?, se preguntarán los electores. Otro indicador es la baja participación que se ha visto entre los militantes al momento de escoger a sus candidatos. Cifras de participación que casi nunca han pasado los dos dígitos muestran que no solo entre la ciudadanía en general, sino que incluso entre sus militantes (si alguna vez los hubo) los partidos han perdido atractivo. ¿Les interesa esto a los partidos, a sus líderes? Diera la impresión de que no mucho. O en todo caso, en el balance de las cosas, prefieren seguir así en lugar de promover una gestión más transparente y democrática al interior de estos. Francisco Durand acaba de publicar un artículo en Otra Mirada sobre la relación entre crisis institucional y financiamiento partidario, donde describe la diversidad de formas en que el dinero permite canalizar intereses de todo tipo… menos los de la población. Los partidos están, en su gran mayoría, para canalizar intereses particulares. No hay mucho más.

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Durante muchos años, cuando las elecciones no daban el resultado que se esperaba, la derecha podía recurrir a un golpe militar. Desde la izquierda, durante lustros, la violencia armada estuvo en el discurso como camino al poder y Sendero junto con el MRTA mostraron lo desastroso de ese recorrido. Desde uno y otro lado, la democracia era un asunto electoral de segundo o ningún orden. Lo importante era el poder. Hoy la violencia discursiva está presente, el dinero turbio sigue siendo el que alimenta la política, la polarización afectiva obtura el debate y el entrampamiento entre Ejecutivo y Legislativo agota, pero la violencia no es una alternativa. Es cierto que quienes están en puestos de poder, Congreso y Ejecutivo en particular, interpretan la ley como les conviene, pero poco a poco los sectores organizados del país van reclamando salidas que pasan por mirar el bien común. Que todavía no se encuentre la fórmula para institucionalizar las demandas no debe significar que se deje de insistir en la denuncia y el reclamo. Que se profundice el sentido de la democracia, que se encuentre formas de llevarla adelante tomará su tiempo.