Ciudades resilientes e inclusivas
“La evidencia existe. Usémosla para construir mejores ciudades”.

Por Melina Galdos. Investigadora. Unidad de Investigación de Políticas de Ciencia, Universidad de Sussex.
América Latina y el Caribe tienen el nivel más elevado de inequidad en comparación con el resto de las regiones del mundo. Debido a ello, es cada vez más frecuente escuchar a autoridades locales hablar de ciudades inclusivas y resilientes, y de la necesidad de replantear ideas sobre crecimiento y desigualdad en relación con la crisis climática que enfrentamos.
Un estudio de ONU Hábitat y CAF-Banco de Desarrollo de América Latina identificó una serie de temáticas transversales en las acciones desplegadas por autoridades locales y regionales para promover un crecimiento urbano inclusivo y sustentable. Entre ellas se encuentran la generación de oportunidades iguales, la inversión en educación y capital humano, la mejora del gasto social y la creación de infraestructuras sociales y económicas sostenibles.
Si bien ninguna de estas acciones puede, por sí misma, alterar las estructuras que le dan forma a nuestros espacios en la ciudad, su impacto colectivo es el que viene transformando urbes previamente azotadas por los flagelos que han acaparado todos los titulares durante esta campaña municipal: la informalidad, segregación, desempleo y falta de seguridad.
Sin embargo, los retos que muchas localidades de nuestro país enfrentan requieren de la incorporación de visiones integrales y colectivas en cualquier intento de planificación urbana a largo plazo. Aquí, nociones como la de ‘el derecho a la ciudad’ y ‘la prosperidad urbana’ pueden ser aliadas fundamentales, e instrumentos como el Índice de Prosperidad Urbana propuesto por las Naciones Unidas, herramientas técnicas indispensables.
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Este último, además de brindar un horizonte normativo para nuestras futuras autoridades, tiene 46 indicadores distribuidos en 6 criterios específicos (productividad, infraestructura, calidad de vida, equidad, sostenibilidad ambiental y gobernanza) que pueden convertirse en un instrumento de planificación. La evidencia existe. Usémosla para construir mejores ciudades.












