Opinión

No mires al frente, por Camila Vera

“Desde el 2020, la Tierra vive su auténtica trama apocalíptica y también alberga a especialistas y detractores...”.

Don't look up se estrenó primero en los cines y ahora está en Netflix. Foto: Netflix
Don't look up se estrenó primero en los cines y ahora está en Netflix. Foto: Netflix

Alrededor de una mesa, mientras un cometa colisiona contra la Tierra, siete personajes desfiguran su propio miedo a través de una charla sobre el sabor casero de la tartaleta.

La última cena de Don’t look up remeda una de las costumbres más agrias que ha forjado la pandemia: buscar esperanza y normalidad incluso cuando el mundo se acaba.

Llegado el 2022, lo único nuevo es la agenda sin rayones, porque el arrojo para continuar conviviendo con la COVID-19 y sus estragos ya se ha convertido en algo tan popular como el filme de Adam McKay: una sátira.

El concepto que formula la RAE —discurso o dicho agudo, picante y mordaz, dirigido a censurar o ridiculizar— coincide con la dinámica de vida de un planeta que padece, además, todas las problemáticas detalladas en la cinta: la corrupción del Gobierno, la conveniencia de los gurús tecnológicos y la banalización de los medios. También el robo de alcohol en los centros comerciales, los estereotipos hacia el cerquillo y cabello corto y las rupturas amorosas.

Desde el 2020, la Tierra vive su auténtica trama apocalíptica y también alberga a especialistas y detractores que mueven a la opinión pública al ritmo de hits menos elaborados que la canción de Ariana Grande y Kid Cudi. Por eso, cuando un astrónomo y una aspirante a Doctorado se asocian con un jefe de la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria de la NASA para lidiar con una terquedad masiva, más que sorpresa, hay identificación. La sátira, el término audiovisual, literario y ahora experimental, es parte del calendario colectivo desde que un virus desplegó variantes y guiones tan enredados como algunos de Netflix.

Hay una prédica que obliga a los espectadores a entender por qué una catástrofe puede estar en la lista de espera por seis meses, a veces por veintiuno. En la película, mirar arriba y asustarse es una regla; en este año pandémico, otro más, mirar al frente y asustarse, también. Por cierto, ¿qué tal la comida de Nochevieja?

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