Patricia  Paniagua

Patricia Paniagua

El sentido de lo común
Ciencias Políticas como profesión, ciudadanía como convicción. Especialista y gestora en materia de política pública, con énfasis en la política pública educativa y el ejercicio de ciudadanía plena para el fortalecimiento de la democracia.

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Tolerancia cero con el “terruqueo”

“El ‘terruqueo’ tiene como propósito el intento de estigmatizar y de anular a quien se le adjudique esta categoría. La base sobre la que reposa es la información falsa”.

Hace ya buen tiempo atravesamos una coyuntura política marcada por la polarización y la crispación, que ha ido degenerando en una innegable escalada de violencia, de todo tipo, y que amerita una contundente condena ciudadana de quienes apostamos por una convivencia pacífica y democrática.

Una de las manifestaciones más terribles de esa violencia es, sin duda, la terrible práctica, extendida e instalada en nuestra escena política, conocida como el “terruqueo”, y que no es otra cosa que el vil recurso al que ha recurrido cierto sector de nuestro espectro político, frente a la carencia de argumentos para debatir y rebatir ideas.

El “terruqueo” tiene como propósito el intento de estigmatizar y de anular a quien se le adjudique esta categoría. La base sobre la que reposa es la información falsa, la manipulación perversa de los hechos y las conjeturas más burdas. Quienes la hacen suya accionan de la manera más ligera y despreocupada, en realidad, de forma alevosa e impune. La llevan a cabo, una y otra vez, inclusive en espacios cuya caja de resonancia está garantizada, sin encontrar en sus interlocutores reacción alguna que contenga o repela su evidente violencia.

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Nadie duda de su naturaleza delictiva, nuestro Código Penal es claro al señalar la injuria, la calumnia y la difamación como delitos contra el honor y es innegable que la ley ampara a quienes son víctimas de estos repulsivos ataques. Sin embargo, es necesario que, además de la vía legal, sea la sociedad en su conjunto quien los ampare, es decir, que todos sus actores hagan suyo el compromiso de hacerle frente y extinguir esta práctica de falso señalamiento que tanto daño nos hace y que tan desprotegidos nos deja para afrontar, de manera seria, la reflexión sobre un fenómeno tan terrible como la violencia política que vivimos en el pasado y sus crímenes.

Para hacer realidad una contundente condena a esta práctica, no solo se necesita del concurso de la ciudadanía, sino también, y especialmente, de la sociedad civil organizada, los medios de comunicación y demás actores en quienes debe primar la urgente necesidad de instaurar un acuerdo rotundo de tolerancia cero al “terruqueo”, entendido este como una peligrosa práctica altamente nociva, no solo en términos del daño personal que en sí conlleva sino en cómo esta deteriora nuestra convivencia democrática y daña nuestro proyecto común como sociedad pacífica.

En este tiempo, muchas han sido las personas afectadas y sus familias, me cuento como una de ellas por los ataques que en este sentido ha recibido la memoria de mi padre.

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La mayoría ha optado por la denuncia pública, sin que ello haya significado el cese de los ataques. Algunas han buscado amparo en la justicia y otras se saben amparadas en la verdad.

A todas ellas les está faltando el amparo de una sociedad que debe rechazar la violencia en todas sus formas.