Una segunda vuelta que es indigerible
El despelote del ‘debate’ de hoy refleja la política de hoy.

Es una vergüenza que dos candidatos que llegaron a la segunda vuelta sin el respaldo de siete de cada diez peruanos, con la menor votación conjunta histórica en esta fase, y que proyectan mucha desconfianza, manejen una instancia tan importante como el debate con tanta frivolidad.
El debate es parte fundamental de una elección, pues es la gran oportunidad para que los ciudadanos obtengan, a partir de una confrontación ordenada y regulada de ideas, información clave que requieren para decidir su voto.
Lo cual es crucial en esta segunda vuelta en la que Keiko Fujimori debe ofrecer garantías creíbles de que no será una tromba contra la institucionalidad y que no usará su poder para obstaculizar la anticorrupción, es decir, todo lo que hizo en el último lustro.
Y en la que Pedro Castillo debe despejar todas las oscuridades de su candidatura, y ordenar su cabeza, pues, hasta ahora, no solo da muestras de planteamientos trogloditas en lo político, económico y social, sino que revela una precariedad de ideas que reemplaza con una vocación de coche bomba contra la institucionalidad, y una desorganización grotesca.
La irresponsabilidad de ambos se constata cuando Castillo se corre del debate al que teme –por la precariedad de sus ideas, falta de plan y equipo–, mientras Fujimori lo persigue como cazadora, contribuyendo ambos a devaluar esta instancia crucial de la elección con más rapidez con la que el plan de Perú Libre deprecia el nuevo sol.
La culpa central del sainete armado en esto de hoy que es imposible llamar debate es de Castillo, quien no comprende la responsabilidad que le corresponde como candidato de segunda vuelta. No hay día en que no deje de sorprender con una frivolidad camuflada de espíritu bucólico y aire de gamonal prepotente y mandón para decir dónde y a qué hora debatir y al final huir.
Mientras Fujimori lo persigue y Castillo se corre, el equipo de Perú Libre ningunea al JNE como eje de los cuatro debates bien organizados pensando en el elector y no en las veleidades de los candidatos, porque parece que eso no es precisamente lo que quieren.
El Perú no merece este ‘debate’ despelotado, quizá tanto como no merecía esta segunda vuelta indigerible.
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