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Las luchas invisibilizadas de las mujeres

“Las organizaciones de mujeres también lucharon para evitar el trabajo infantil, utilizado para abaratar los costos de producción a favor del capitalismo descarado...”.

Por: Sofía Chacaltana Cortez

Ayer, 8 de marzo, se celebró el Día Internacional de la Mujer. Este día conmemora la lucha y reconocimiento de las mujeres trabajadoras dentro y fuera del espacio doméstico. Las mujeres obreras de inicios del siglo XX lucharon por las 8 horas de trabajo y el reconocimiento de los derechos laborales como un pago digno. Un logro que benefició tanto a las mujeres como a los hombres.

Las organizaciones de mujeres también lucharon para evitar el trabajo infantil, utilizado para abaratar los costos de producción a favor del capitalismo descarado. Estas primeras luchas fueron acompañadas por la búsqueda del derecho a la ciudadanía y al estudio en las universidades.

En estas luchas surge Rosa de Luxemburgo (1871), de origen judío y nacida en territorio polaco ocupado por el imperio ruso. Afiliada al partido socialista demócrata alemán, y luego al partido comunista alemán. Rosa, junto con su gran amiga y colega Clara Zetkin, se paraban al frente y combatían con argumentos agudos los grandes tratados teóricos de sus compañeros. Felizmente sus pensamientos han quedado en varios libros. Ellas pusieron el cuerpo; la primera vez que Rosa fue encarcelada ocurrió cuando contradijo al emperador alemán Guillermo II presentando una posición antibélica en 1903, anticipando la primera guerra mundial. Regresó varias veces a la cárcel por sus ideas políticas, hasta que fue asesinada en 1919. Entre las propuestas más filosas de Rosa está el reconocimiento de la necesidad del capitalismo por la mano de obra de las mujeres en las colonias, que exige a las mujeres las tareas del cuidado y, a los hombres, el trabajo industrial remunerado. Esta propuesta es utilizada en la actualidad para reconocer que las mujeres de países pobres ingresan al trabajo en condición de explotación y que, además, continúan con las tareas domésticas que sostiene la vida de sus parejas, los hombres obreros.

En el Perú, las luchas e historias han sido varias. En las celebraciones por el bicentenario escucharemos sobre la vida de mujeres que han pasado por el filtro del buen comportamiento. Quiero mencionar a dos que no pasan ese filtro: Magda Portal y Máxima Acuña. Magda, aislada por buscar los mismos derechos y la ciudadanía de las mujeres, renuncia al partido aprista para seguir difundiendo sus ideas fuera del partido, emancipándose en todos los sentidos de su vida. Máxima, mujer indígena, que con su cuerpo se enfrenta a las grandes empresas en contra del despojo de su territorio y de su buen vivir, el de su familia y comunidad. Luchadoras políticas, mujeres valientes que siguen poniendo el cuerpo, argumentan con pasión e ideas que conmueven e incomodan, y que no esperan que se les dé un espacio para hablar, sino que construyen porque de eso dependen sus vidas y las nuestras.