Vacancia y deuda

La autocrítica de los líderes y partidos golpistas.

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La vacancia ha terminado con la expulsión del poder del grupo golpista y de su gabinete. Esto no hubiese sido posible sin la decisiva participación de los ciudadanos, la cual condujo al retroceso del frente de partidos que aprobaron esta medida inconstitucional. Rechazados por la población, tuvieron que retirar su apoyo a Manuel Merino y acceder de mala gana a la elección de una nueva directiva del Congreso con Francisco Sagasti a la cabeza.

Casi todos los partidos golpistas han asumido sus actos. La forma de hacerlo ha variado entre el reconocimiento de un error y la aceptación de la conducta golpista misma. Solo UPP y Podemos se han mantenido en su posición original, lo que nos advierte de sus intentos abiertos de sabotear la transición.

En los grupos donde hubo autocrítica, esta no ha sido suficiente. Se pretende mantener oculta la trama de la vacancia, la forma como se adoptó esta decisión, la extorsión a los legisladores opuestos al golpe, que en el caso de Acción Popular llegó hasta la amenaza de su vocero alterno de no respaldar los proyectos de ley. En Alianza para el Progreso (APP) se registró un acto de traición de su líder, confesado por él mismo, bajo la coartada de “los congresistas me convencieron”. En Podemos, su candidato presidencial quiso engañar con el conocido ardid que consiste en que él votaba contra la vacancia, pero la bancada a favor. El fujimorismo fue igualmente artero, respaldó el golpe y lo defendió públicamente en infeliz coincidencia con el Frente Amplio.

Los golpistas están ahí y sus intereses también. Sin mayor trámite pretenden presentarse a las elecciones para pedir el voto de los ciudadanos. Sus tímidas disculpas no hacen desaparecer sus responsabilidades e intereses, confiados en voltear la página y vencer la memoria de los sucesos de estos días. En realidad, su presencia es una amenaza a la transición.

Se precisa por parte de ellos de una reflexión profunda y un balance autocrítico transparente. Para iniciar este ejercicio, tienen el deber de rendir cuentas a los militantes de sus partidos, que en más de un caso renuncian en masa o reclaman informes mediante comunicados. Junto con ello, se espera una renuncia clara a los métodos de los que han hecho uso y gala estos días.