
Durante años, la ubicación fue uno de los principales criterios para definir la compra de una vivienda en Lima. La cercanía al centro de trabajo, colegios, comercios y servicios podía determinar buena parte del valor de un departamento. Sin embargo, los cambios en la forma de trabajar y movilizarse están incorporando nuevos factores a la decisión de los compradores.
La conectividad digital, el acceso al transporte público, la posibilidad de contar con ambientes adaptables al trabajo remoto y la eficiencia en el consumo de servicios han adquirido mayor relevancia en el mercado inmobiliario. Un departamento ya no es evaluado únicamente por el distrito en el que se encuentra, sino también por las condiciones que ofrece para desarrollar actividades laborales, educativas y de entretenimiento.
Un estudio de Impulso, elaborado a partir del comportamiento digital de más de 1,4 millones de potenciales compradores entre 2024 y 2026, muestra esta transformación. El 88,4% de los usuarios analizados considera indispensable contar con conectividad dentro del edificio; mientras que el 80,2% relaciona un proyecto inmobiliario innovador con soluciones de Smart Home o domótica.
Asimismo, el 78,4% prioriza espacios flexibles y multifuncionales y el 73,1% valora áreas comunes que incorporen herramientas tecnológicas, como coworking y servicios digitales.
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La conexión a internet ha dejado de ser un atributo complementario para convertirse en un elemento que puede influir en la elección de una vivienda. La disponibilidad de fibra óptica, una adecuada cobertura dentro del edificio y la capacidad para conectar varios dispositivos simultáneamente forman parte de las condiciones que algunos compradores consideran al comparar proyectos.
El cambio está relacionado con la mayor presencia del trabajo híbrido y las actividades digitales en los hogares. En una misma vivienda pueden coincidir videollamadas laborales, clases virtuales, plataformas de entretenimiento y otros servicios que requieren una conexión estable.
Esta demanda también está modificando las características de algunos proyectos inmobiliarios. Entre las soluciones incorporadas se encuentran canalizaciones para fibra óptica, sistemas de iluminación y seguridad inteligentes, cerraduras digitales y aplicaciones para administrar determinados servicios del edificio.
El impacto económico para el comprador no se limita, por tanto, al precio por metro cuadrado. Las características tecnológicas de la vivienda también pueden determinar los gastos de adaptación que deberá asumir posteriormente el propietario.
La idea de conectividad también se extiende a la movilidad. En una ciudad donde los desplazamientos diarios pueden representar una parte importante del tiempo de los trabajadores, la proximidad al transporte masivo adquiere mayor importancia al momento de elegir dónde vivir.
La cercanía a estaciones de la Línea 1 del Metro de Lima es uno de los factores que puede favorecer el atractivo de determinados sectores de la capital. Para los hogares, reducir el tiempo de viaje también puede significar menores gastos asociados al uso de vehículos particulares, combustible, estacionamiento o determinados servicios de transporte.
Este factor puede ser relevante tanto para quienes buscan una vivienda para uso propio como para quienes evalúan comprar un departamento como inversión. Una ubicación con acceso a transporte público puede ampliar el universo de potenciales inquilinos, especialmente entre trabajadores y estudiantes que necesitan desplazarse hacia zonas con mayor concentración de empleo y servicios.
En ese contexto, distritos como Surquillo, San Borja, La Victoria y determinados sectores de Santiago de Surco pueden beneficiarse de su conexión con corredores de transporte y con zonas comerciales y empresariales de Lima.
La expansión del trabajo remoto e híbrido también ha cambiado la manera en que se utiliza el espacio privado. Una habitación adicional o un ambiente que antes podía considerarse secundario puede convertirse en oficina, área de estudio o espacio para reuniones virtuales.
Por ello, adquieren relevancia las distribuciones que permiten utilizar un mismo ambiente para distintas funciones. El almacenamiento, los muebles empotrados y la posibilidad de separar acústicamente determinados espacios pueden convertirse en atributos importantes para quienes trabajan parte de la semana desde casa.
El cambio también alcanza a las áreas comunes. Algunos proyectos incorporan zonas de coworking, cabinas para videoconferencias, estaciones de carga y otros espacios destinados a actividades que anteriormente se desarrollaban exclusivamente dentro del departamento.
La tendencia permite que los desarrolladores ofrezcan servicios adicionales sin que necesariamente el comprador tenga que adquirir una vivienda de mayor metraje. En términos económicos, esto puede ser relevante en un mercado donde el precio por metro cuadrado constituye uno de los principales límites para acceder a una vivienda más grande.
Otro elemento que comienza a adquirir mayor importancia es el consumo de agua y electricidad. Para el comprador, la sostenibilidad no necesariamente se traduce en certificaciones ambientales, sino en beneficios que puedan reflejarse en los gastos mensuales del hogar.
Sistemas eficientes de iluminación y consumo de agua, una adecuada ventilación y el aprovechamiento de la iluminación natural pueden contribuir a reducir determinados costos de operación del inmueble.
Esta variable cobra importancia porque el precio de adquisición no representa el único gasto asociado a una vivienda. Mantenimiento, servicios, transporte y eventuales adaptaciones del departamento también forman parte del costo que debe asumir un propietario durante los años de uso.
Surquillo es uno de los distritos donde pueden observarse algunos de estos cambios en la oferta inmobiliaria. Su ubicación entre zonas consolidadas como Miraflores, San Isidro y Santiago de Surco, además de su conexión con corredores de transporte y servicios, lo convierte en un sector atractivo para proyectos dirigidos a compradores que buscan combinar accesibilidad y funcionalidad.
La demanda por estas características también evidencia un cambio en la competencia entre las inmobiliarias. Ya no se trata únicamente de desarrollar proyectos en los distritos con mayor reconocimiento residencial. También existe espacio para zonas con precios relativamente más competitivos que puedan ofrecer acceso a transporte, comercio, servicios y conectividad.
Los nuevos criterios no han desplazado a la ubicación como factor determinante del mercado inmobiliario. Lo que está cambiando es la forma de medirla.
Para un comprador, estar bien ubicado puede significar ahora tener una estación de transporte masivo cerca, contar con una conexión adecuada a internet, disponer de espacios que permitan trabajar desde casa y asumir menores costos de mantenimiento y traslado.
Esta evolución obliga a las inmobiliarias a competir no solo por el distrito o el precio del metro cuadrado, sino también por las características que pueden generar valor durante la vida útil del inmueble.
En ese escenario, la decisión de compra de un departamento en Lima incorpora cada vez más una evaluación del costo y la utilidad que tendrá la vivienda en el día a día. La dirección continúa siendo importante, pero el tiempo que permite ahorrar, la conectividad que ofrece y la flexibilidad de sus espacios también comienzan a formar parte del valor que el comprador está dispuesto a pagar.





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