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Un astronauta de la Estación Espacial detecta una gigante extensión de roca similar a la de la Luna en la Tierra

Las fuerzas tectónicas que unieron antiguos continentes pudieron separar dos macizos que alguna vez formaron una sola estructura.

Una enorme formación rocosa similar a la de la Luna destaca sobre el paisaje rojizo del sur de Madagascar. Foto: NASA
Una enorme formación rocosa similar a la de la Luna destaca sobre el paisaje rojizo del sur de Madagascar. Foto: NASA

Una formación rocosa del sur de Madagascar comparte una característica con las regiones más brillantes de la Luna: ambas contienen anortosita, una roca ígnea que destaca por su color claro. El macizo de Saririaky, visible desde el espacio por su contraste con el paisaje seco que lo rodea, tiene al menos 600 millones de años y conserva huellas de las enormes fuerzas tectónicas que transformaron esta región hace cientos de millones de años.

El 28 de agosto de 2026, un astronauta de la Estación Espacial Internacional (EEI) fotografió esta estructura, cuya superficie alcanza aproximadamente los 100 kilómetros cuadrados. Su importancia va más allá de su aspecto: las rocas de los alrededores registran deformaciones asociadas con antiguas colisiones continentales, mientras que su composición ofrece un punto de comparación con los materiales que forman las tierras altas lunares.

La fotografía de una antigua formación rocosa

El macizo de anortosita de Saririaky es una extensa masa rocosa expuesta en la superficie terrestre. Su composición explica la tonalidad clara que lo distingue del terreno circundante. Aunque este tipo de roca también aparece en regiones de Canadá, Escandinavia y el sur de India, su presencia en Madagascar permite apreciar una de las semejanzas geológicas entre nuestro planeta y su satélite natural.

La anortosita pertenece al grupo de las rocas ígneas intrusivas, que se originan cuando el material fundido se enfría y solidifica bajo la superficie. Este proceso permite que los minerales formen cristales relativamente grandes. Según las investigaciones geológicas citadas en la fuente, Saririaky se originó durante el Precámbrico tardío, hace al menos 600 millones de años.

La fotografía, identificada con el código ISS075-E-85249, fue tomada por un integrante de la expedición 75 con una cámara digital Nikon Z9 y un objetivo de 400 mm. El material fue proporcionado por el programa de Observaciones de la Tierra de la Tripulación de la EEI y la unidad de Teledetección y Ciencias de la Tierra del Centro Espacial Johnson de la NASA. La imagen recibió ajustes de contraste y un recorte para destacar la formación rocosa.

La colisión continental que transformó Madagascar

El macizo de Saririaky se encuentra dentro de una zona de cizalla dúctil, un sector de la corteza terrestre donde las rocas experimentan intensas deformaciones por efecto de las fuerzas geológicas. Bajo condiciones elevadas de temperatura y presión, estos materiales sólidos pueden doblarse, estirarse y cambiar su estructura, en lugar de fracturarse de manera directa. Estas transformaciones también alteran sus minerales y texturas, mediante un proceso conocido como metamorfismo.

Los estudios de la región identificaron estructuras geológicas alargadas, con una orientación aproximada de norte a sur. Estos patrones conservan señales de la deformación que afectó a las rocas durante la formación de Gondwana, un antiguo supercontinente que reunió territorios de las actuales África, India, Madagascar, Australia y Antártida, entre otras regiones.

Algunos investigadores plantean que un segundo macizo de anortosita, situado unos 60 km al norte de Saririaky y dentro de la misma zona de cizalla, estuvo unido originalmente a la formación principal. De acuerdo con esta hipótesis, las fuerzas tectónicas estiraron y separaron el cuerpo rocoso. Este fenómeno recibe el nombre de boudinage y ocurre cuando una capa o masa de roca relativamente resistente queda dividida en segmentos por la deformación del material que la rodea.

Las rocas terrestres ayudan a revelar la historia lunar

La anortosita también resulta fundamental para comprender los primeros capítulos de la historia de la Luna. Sus tierras altas brillantes, visibles desde la Tierra, contienen rocas de más de 4.000 millones de años. Los científicos consideran que estos materiales se formaron cuando el satélite era joven y su superficie estaba cubierta por un enorme océano de roca fundida.

A medida que ese magma se enfrió, ciertos minerales cristalizaron y se acumularon cerca de la superficie, lo que contribuyó a formar la corteza lunar primitiva. Las anortositas resultantes constituyen una parte importante de las regiones claras que caracterizan el relieve de la Luna.

Las muestras que los astronautas de las misiones Apolo trajeron a la Tierra proporcionaron material valioso para estudiar esa etapa. Sin embargo, la cantidad de roca lunar disponible es limitada. Por ello, las formaciones terrestres con composiciones similares ofrecen una oportunidad para examinar los procesos geológicos relacionados con su origen y evolución. Un ejemplo destacado aparece en las montañas Beartooth, en Montana, donde existen depósitos de anortosita con una composición muy parecida a la de sus equivalentes lunares.

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