Que muera la lorna para que vivan los tiburones

8 Feb 2018 | 6:05 h

La mayoría de los políticos, los analistas, los empresarios y los ciudadanos (53%) quieren que se vaya PPK, pero el 43% de los encuestados (que no es moco de pavo) quiere que siga en la Presidencia de la República. Hay desacuerdos, sin embargo, en el momento y en las motivaciones de la vacancia, en la forma constitucional de salida, en los sucesores posibles de PPK y en el punto terminal de la crisis.

FP quiere vacarlo solo por corrupción, los movimientos de protesta, por corrupción y por el indulto a Fujimori y algunos congresistas de izquierda buscan ponerse de acuerdo con FP sobre esta motivación. Todos quieren una salida constitucional, pero hay variantes. Las izquierdas quieren que se cumpla lo que dice expresamente la Constitución, pero FP parece preferir una variante que siga siendo constitucional. Sobre los sucesores, las izquierdas lo quieren a Vizcarra como presidente, FP parece inclinarse por Aráoz o por Galarreta, el presidente del Congreso.

El momento de la vacancia lo decide solo FP. Quizás le conviene antes de la confesión de Barata, porque después de ella todo puede ser diferente. KF es la que tiene la sartén por el mango en la escena parlamentaria sobre la vacancia y las formas que ella asuma en alianza con fuerzas menores y sobre la no vacancia ella sola decide. La diferencia mayor radica en el diagnóstico sobre el punto terminal de la crisis. Para FP, para las derechas y quizá también para el centro, la salida de PPK resuelve la crisis política. Para la izquierda es una salida parcial a una crisis mayor que se resuelve con grandes reformas.

La salida de PPK puede ser vista también como el sacrificio necesario para salvar a los tiburones de la corrupción. PPK no es el único ni el político más corrupto de estas últimas décadas. Sin embargo, él tiene que morir para que los políticos más corruptos sigan con vida. Es casi un chivo expiatorio. Espero que los movimientos de protesta y la opinión pública no caigan en esa ilusión. Si Datum hubiera preguntado si deben irse los políticos corruptos, el acuerdo para que se vayan todos hubiera sido aplastante.

En realidad, el desacuerdo de fondo que, a propósito de la vacancia, aparece entre las derechas y las izquierdas es sobre la naturaleza y la profundidad de la crisis política que vive el Perú. Las derechas creen que los problemas políticos que estamos viviendo se reducen a una crisis de gobierno y de gobernabilidad, a los problemas de relación entre los Poderes del Estado, en particular entre el Ejecutivo y el Legislativo, y que, ante la incapacidad de ponerse de acuerdo, la salida de PPK es necesaria. Y se acaba el problema.

Las izquierdas, con énfasis diferentes, piensan que los problemas políticos que nos agobian son más que una crisis de gobierno, de conflicto entre el Ejecutivo y el Legislativo. Ellas sostienen que existen también una crisis del régimen político (sistema electoral, sistema de partidos, forma de gobierno) y del Estado en relación con la economía y con la sociedad cuya solución requiere profundas reformas políticas, económicas, sociales y constitucionales.

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