¿Habrá Cumbre de las Américas en Lima?

¿Se imagina usted una cumbre panamericana sin Trump pero sí con Maduro?

27 Ene 2018 | 6:00 h

La VIII Cumbre de las Américas está programada para tener lugar en Lima, en abril próximo. Estas cumbres, como es sabido, se iniciaron en Miami, en 1994, por iniciativa de Estados Unidos que, en esa época, impulsaba el tratado panamericano que se denominó ALCA y que nunca tuvo la aceptación suficiente y necesaria, de modo que fue reemplazado por los tratados de libre comercio bilaterales.

Estas Cumbres de las Américas se lanzaron a semejanza y con posterioridad a las Cumbres Iberoamericanas, inauguradas en 1991, en Guadalajara, México, y que se siguen celebrando, ahora cada dos años, con la participación de España, Portugal y Andorra, además de todos los países latinoamericanos.

Naturalmente que el atractivo principal de las cumbres de las Américas es el encuentro con el presidente de los Estados Unidos. En la penúltima cumbre, en Cartagena de Indias, Colombia, en abril del 2012, todos los jefes de Estado latinoamericanos y caribeños afirmaron que no asistirían a otra cumbre si Cuba no estaba presente.

Cuba y la denuncia del colonialismo británico en las Islas Malvinas constituían, en Cartagena, el factor aglutinante de América Latina y el Caribe, y su elemento de confrontación con Estados Unidos y Canadá. En 2015 pudo realizarse la VII cumbre, en Panamá, gracias al restablecimiento de relaciones entre EEUU y Cuba, lo que permitió que los cubanos estuvieran presentes.

La cumbre programada para el próximo abril tiene, por supuesto, menos atractivos y puede resultar un boomerang. Para empezar, es posible que el Presidente Donald Trump, a pesar de haber anunciado su participación, no tenga interés en reunirse con un conjunto de jefes de Estado de países que desprecia y agrede. Y donde puede ser objeto de muy enérgicos reclamos y hasta de agravios. ¿Se imagina usted una cumbre panamericana sin Trump pero sí con Maduro?

En segundo lugar, la presencia de Maduro es difícil de eludir. No se trata de una visita al Perú sino de la asistencia a un evento internacional, por lo que el Perú, ni aun rompiendo relaciones, tendría derecho a veto. Lo que cabe, por ahora,  es reiterar las declaraciones de condena, como acaba de hacerlo el Grupo de Lima, el pasado martes 23, en Santiago de Chile.

Por último, es posible que el presidente peruano, que había sido recibido con tanta expectativa y entusiasmo, se haya vuelto, infelizmente, el presidente más desprestigiado de la región, después de Maduro.

La situación podría volverse aún más complicada para el Perú, en la hipótesis de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos, convocada para el dos de febrero entrante, decida alguna medida que el gobierno peruano se resista a aplicar, volviendo a plantearse el retiro de la jurisdicción de la Corte, como en la época del gobierno de Alberto Fujimori, lo que nos colocaría en una posición idéntica a la de Maduro. Hay declaraciones recientes de la Presidenta del Consejo de Ministros, Mercedes Araoz, que revelan la verosimilitud de esta hipótesis.

De producirse tal situación, se marginaría al Perú de la comunidad de naciones civilizadas. Justo cuando el país se empeña en ingresar a la OCDE y cuando ha vuelto al Consejo de Seguridad de la ONU, gracias a acuerdos negociados entre los países latinoamericanos desde hace bastantes años. Hay que ser muy precisos: sería gravísimo para la imagen internacional del Perú una actitud de rebeldía frente al sistema internacional de derechos humanos, lo que además tendría inevitable y muy negativa repercusión en la Cumbre de las Américas.

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