Un gobierno sin gobierno

7 Ene 2018 | 6:05 h

Hace apenas dos semanas usted leía mi columna semanal, desfasada esa misma noche, basada en las mentiras del Presidente del Perú y el círculo que negoció un ilegal indulto humanitario, un mero trueque, con Alberto Fujimori. Ni Kuczynski, ni Zavala, ni Aráoz pueden ser personas creíbles nunca más en su vida política. Sabían todo, pactaron todo y callaron todo. Lamento y pido disculpas a los lectores por creer que una fuente oficial –como sucede en las democracias civilizadas– tiene algún aprecio por su palabra. Hay que suponer que la nuestra ni es una democracia, ni es civilizada. De ahí los políticos que sufrimos. Es fácil no creerle a un mitómano como Toledo o a un embaucador como García, pero ¿a este Presidente que parecía una persona con mejores valores? Parecía, pero no lo era. Solo un mentiroso más en el poder, del montón que ya tuvimos.

Por eso, hasta hoy, dos semanas después del indulto, no tenemos un gabinete. Ni la prostituida palabra “reconciliación” ha servido para atraer a nadie, ni de lejos, a un Presidente traidor. Su castigo solitario, en estos días, es que tendrá que seguir conviviendo con aquellos ministros que le pidieron su renuncia apenas se supo de los enjuagues de Odebrecht. Basombrío renunció esa misma noche y muy pocos le pidieron que se quedara y se defendiera. La misma Mercedes Aráoz le pidió que renunciara. Ahora ninguno quiere irse. Es decir, los que no movieron un dedo por él, se quedan y ¡no hay ni cómo rellenar dos vacantes! Así de mal.

Todos los partidos han dicho no, gracias. Fuerza Popular ya se las cantó claro. Ninguno de sus miembros va al desprestigiado gabinete Aráoz. A PPK solo le queda su propia bancada, ahora de 15 miembros (Zevallos, De Belaunde y Costa renunciaron), para ver si puede encontrar ahí lo que pueda, desvistiendo un santo para vestir otro. Ya tiene tres ministros parlamentarios.

Kenji Fujimori tiene solo 10 votos que ofrecerle, por ahora. Ni un partido, ni una inscripción, ni una candidatura para el 2021. Su único punto de agenda era sacar a su padre de la cárcel. Cumplió y ahora puede hacer lo que quiera. Desde amistarse con su hermana hasta retirarse de la política. Su padre y él saben que vienen impugnaciones judiciales y supranacionales al indulto. ¿A dónde deben esperar el resultado? ¿En el Perú o en un exilio que no permite la extradición? La respuesta es más o menos obvia. El error de regresar el 2005 no lo van a cometer dos veces. Conforme se acerque el 2 de febrero, fecha de la audiencia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tendrán que tomar una decisión. Si su resultado significa subirse a un avión, lo sabremos cuando esté volando.

Por eso extraña la escenografía de la salida de Fujimori de la clínica. Un Alberto más cuidadoso hubiera salido en ambulancia (siempre regresó así a la Diroes) a un departamento o casa de clase media cercana a sus médicos. Si había que continuar con el espectáculo de una falsa enfermedad, ¿por qué salir en camioneta a un sitio tan lejano de atención médica y tan asociado a la elite limeña como La Estancia? ¿A una casa de 1900 metros cuadrados con un alquiler de US$ 5000 mensuales? Si de guardar las apariencias se trata, ni prestada. ¿Qué nuevo ardid o engaño hay detrás del número montado? No lo sabemos. En todo caso debe haber un motivo muy potente para acceder a no seguir con el montaje del moribundo.

Fuerza Popular (el partido) ha manifestado su desacuerdo con la forma del indulto. Pero Keiko Fujimori (la hija, no la presidenta del partido) muestra la foto de su padre y hermanos (ella y Kenji jalando cada uno el brazo del padre) como si se tratará de una victoria familiar. Ella y su entorno creen que existe una Presidencia el 2021 y ese es su objetivo. El mensaje a transmitir es este: en lo personal ella es una buena hija, pero en lo político los arreglos de su padre, su hermano y Kuczynski le son ajenos y los repudia. El gobierno está solo y no piensa rescatarlo. No le debe nada, no le agradece nada. Debe quemarse hasta el cimiento para, eventualmente, aparecer como la salvadora de la democracia.

Como otros autores han anotado, el indulto a Fujimori no solo es una inmoralidad y una traición de Kuczynski a sus electores, que se tragaron el sapo de votar por él para no tener que soportar cinco años de un gobierno autoritario (que tienen fecha de entrada, pero no de salida), es, además un salvaje error pragmático. Alberto y Kenji logran lo que quieren y salen de escena. Los que antes lo apoyaron ahora lo repudian. Solo, rodeado de ministros que pueden clavarle el puñal cualquier día para irse con Vizcarra, se enfrenta a una enfurecida Keiko Fujimori a la que no tiene nada que ofrecer.

¿Cuánto podrá durar este estado de cosas? Nadie lo sabe. Pero un país no puede permanecer parado por meses.

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