¿Dónde están los valores cristianos?

5 Nov 2017 | 6:00 h

Mariana de Althaus

No me considero católica y mis hijos están en un colegio donde casi nadie hace la primera comunión. Conozco a mucha gente que practica los valores cristianos cotidianamente, y casi ninguno es religioso. No me gusta que el Estado destine millones de soles (que tanto necesitamos) a financiar la visita del papa, hombre en quien no creo y que representa una institución religiosa que está en contra de buena parte de las cosas por las que mi familia y yo luchamos. El Vaticano no reconoció como violaciones los actos del director del Sodalicio; luego el Ministerio Público archivó la investigación contra el cura, aduciendo que no había suficientes pruebas de abusos sexuales, a pesar de que numerosas víctimas brindaron sus terribles testimonios. Y ahora, un monseñor declara que la “ideología de género” es responsable de las violaciones que ocurren todos los días en mi país.

Ya estamos acostumbrados a este tipo de estrategias de distorsión de la verdad de parte de autoridades eclesiásticas y políticas. La verdad es que sucede exactamente al revés: si algo promueve las violaciones a los derechos de las mujeres es precisamente la oposición de la Iglesia al enfoque de género. El enfoque de género busca que se consideren, en la educación y en la administración de la justicia, las diferentes oportunidades y tratos que reciben hombres y mujeres. Por lo tanto, un Estado con enfoque de género protege a las mujeres de la discriminación y la violencia. Los países avanzados tienen enfoque de género en sus políticas públicas. La Iglesia está en contra del enfoque de género porque este promueve la independencia de las mujeres y su libertad de elección y pensamiento. La prohibición del sexo sano y la cultura de la represión son, entre otras cosas, responsables de las violaciones, no el enfoque de género. Promover una sexualidad responsable y enseñar a los niños y adolescentes a respetar a las personas, tengan el género que tengan, disminuiría las violaciones domésticas, los abortos y los embarazos adolescentes. La Iglesia (y los políticos auspiciados por ella) promueve estas atrocidades al satanizar el enfoque de género y, con esto, desproteger a las millones de mujeres que sufren de violencia en nuestro país. No concibo un espíritu menos cristiano que el de la Iglesia.

Hace poco el congresista Alberto de Belaunde propuso eliminar la obligatoriedad del curso de religión en los colegios y algunos padres pusieron el grito en el cielo, alegando que los valores de la Iglesia son importantes en una sociedad decadente como la nuestra. Yo creo que los valores de la Iglesia (ojo: no los de Cristo) son precisamente los que hay que combatir. Hay que combatir el machismo, la ideología de la culpa y la represión y el encubrimiento de los violadores con y sin sotana. Las penas de muerte no funcionan, ya lo ha demostrado la Historia. Lo único que funciona es la información y el enfoque de género. El fanatismo religioso y el cinismo de los políticos financiados por la Iglesia no nos van a permitir salir del terrible tercer puesto de los países con más violaciones en el mundo. Entre los valores cristianos más importantes están la honestidad, la compasión y el respeto al derecho ajeno. Los curas que combaten la igualdad y el enfoque de género no están practicando esos valores. Basta ya.

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