Keiko tampoco debiera ir a Santa Mónica

Pero ahí podría acabar, pues su caso es igual al de Nadine.

13 Ago 2017 | 6:00 h

El drama de Keiko Fujimori es que todo lo que diga a partir de ahora contra Nadine Heredia será un bumerán que contribuiría a enviarla a la cárcel porque el supuesto delito por el cual se le podría acusar es exactamente el mismo por el que la ex primera dama ha sido remitida al anexo del penal de Santa Mónica.

Es más, todo lo que Keiko ya dijo en el pasado sobre Nadine podría servir como argumento para decretar su prisión preventiva, a pesar de que haya despachado a su combo parlamentario de emergencia a dar las explicaciones más inverosímiles.

Un combo que incluye a ese justificador jurídico de lo que haya que justificar al margen del principio y según la circunstancia en que se ha convertido el congresista Miguel Torres, y a la barra brava de sus colegas Rolando Reátegui y Héctor Becerril, duchos en el arte del choque y la emboscada ante la falta de argumentos.

Porque el gran problema que tiene ahora Keiko Fujimori es que los argumentos para eludir las noticias que llegan desde Brasil sobre las contribuciones de campaña que le habría entregado Odebrecht son muy débiles si se compara con lo que está ocurriendo con Nadine Heredia.

Como ha explicado tan bien esta semana Rosa María Palacios en su programa Sin Guion de La República TV, esto es así, pero no porque las contribuciones indebidas para campañas electorales constituyan lavado de activos, según la normatividad vigente decidida por el congreso.

Esto es así porque las situaciones de Keiko y Nadine parecen casos espejo, según la información de los testimonios y agendas de Marcelo Odebrecht, y porque los mismos fiscales y jueces que enviaron a Heredia a Santa Mónica son los que tendrán que decidir ahora qué hacer con Fujimori.

El nerviosismo en Fuerza Popular es evidente y eso seguramente explica por qué han tenido que soltar al ruedo a Torres, Becerril y Reátegui, un grupo al que seguro pronto se sumará Lourdes Alcorta sin la ponderación que, por supuesto, no la caracteriza.

Si la ley en el Perú es igual para todos, y los fiscales y jueces actúan con el mismo criterio al margen de quién sea la persona procesada, pues Keiko Fujimori tendría que seguir la misma (mala) suerte de Nadine Heredia, quien, en retribución, debería recibirla con un sánguche de queso.

Eso es si la ley y los criterios de jueces y fiscales se aplicaran igual si no tienes bancada parlamentaria que si tienes 71 congresistas. Pero quizá eso sea pedirle mucho al sistema peruano, donde vale tanto la pregunta de ‘¿tú sabes con quién estás hablando?’.

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