En Pucusana. Mafia captaba con engaños a jóvenes y menores para obligarlas a tener relaciones sexuales. La mujer recibió llamada de su hija y pidió apoyo a la Policía., Casi 60 kilómetros tuvo que viajar Jenny Sangama Ríos para rescatar a su hija, cautiva en un prostíbulo de la Panamericana Sur, en el distrito limeño de Pucusana. La desesperada mujer sacó coraje de donde no creía tenerlo y, con todo en contra, logró encontrarse con Llomira Elisa D. S. (20) y llevarla de vuelta a casa junto con una amiga y otras tres menores de edad que estaban en iguales condiciones de esclavitud. La jovencita aprovechó un descuido de la mafia que la captó para comunicarse con su madre y pedirle ayuda. Jenny escuchó el relato de su engreída y acudió a la Policía que, la madrugada de ayer, intervino dos prostíbulos y rescató a las cinco jóvenes y adolescentes. Las autoridades detuvieron a Juan Carlos Tucto Riveros (34), Víctor Willy Tucto Riveros (39), Henry Félix Vargas Yépez (28), Dorita Yaicate Comari (19), Betzabé Ramos Fabián (27) y Yesenia Quiñónez Carhuamaca (29 ). El coronel Julio Díaz, jefe de la División Territorial Sur 3, dijo que estos individuos se dedicaban a captar mujeres con la promesa de un “trabajo seguro y con un buen sueldo”. Luego de ser secuestrada, Llomira pasó cuatro días conviviendo con las amenazas de los captores que se iba haciendo habitual. Tal vez lo único que no esperaba fue el giro que tomó la historia la madrugada de ayer cuando agentes de la comisaría de Pucusana irrumpieron en Las Jarritas. La joven y su amiga Yaneth. E. H. (23) estaban retenidas contra su voluntad. Ellas sindicaron a Juan Tucto como el hombre que les arrebató sus celulares y ropa. Dijeron que las amenazaba con un arma de fuego y que si querían recobrar su libertad deberían de pagar 1.500 soles cada una. Esa misma cantidad exigían a las menores Olenka Geraldine C. CH. (17) y Greys Katherine R.C. (17). “El lugar se había convertido en un ‘criadero’ para la trata de personas: explotaban a mujeres que eran captadas con engaños”, precisó el mayor PNP Lizardo Urbietta Pacheco. Llomira contó que le ofrecieron “un trabajo honesto, seguro y bien remunerado”. Jamás imaginó que la llevarían a un bar para obligarla a trabajar. Detalló que se encontró con tres chicas que, aseguró, estaban como ella: esclavizadas, durmiendo en cuartos vigilados y atendiendo clientes a toda hora. Ella le reveló a un cliente lo que pasaba y este le consiguió un celular para que llamara a su familia. Ayer Llomira al fin pudo hablar y abrazar a su mamá.