Argentina. La ruptura del bloque kirchnerista en el Congreso sacudió al peronismo, mientras el partido intenta reorganizarse y superar la herida causada por la reciente derrota electoral que lo alejó del poder, luego de 12 años en la Presidencia. El Gobierno de Mauricio Macri es el más beneficiado con el quiebre., Carlos C. Cué Toda historia de peronistas tiene un protagonista principal: el traidor. El movimiento que ha protagonizado la política argentina en los últimos 70 años es una historia constante de giros ideológicos, luchas descarnadas de poder, persecuciones, exilios, pero sobre todo de traiciones. Es algo tan natural dentro del peronismo que se suelen perdonar sin problemas, y lo que hoy parecen enemigos irreconciliables vuelven a ser aliados si la lucha por el poder así lo aconseja. PUEDES VER: Sancionan a Reduce Fat Fast por publicidad engañosa La enésima historia de traición tiene un protagonista y una consecuencia política muy importante para Argentina. El protagonista es Diego Bossio, quien fuera uno de los más cercanos de Cristina Fernández de Kirchner, que le dio un enorme poder como jefe de la ANSES, la seguridad social argentina. Desde allí se maneja una poderosa caja con la que se asciende rápido en política. Jefe de la ANSES fue Sergio Massa, que también fue en su momento otro peronista traidor y rompió con los Kirchner y como candidato presidencial logró el 20% en las elecciones. Bossio ha reunido a 12 diputados peronistas para crear un grupo propio y romper con el kirchnerismo. En el trasfondo está la batalla interna dentro del peronismo por la sucesión de Cristina, a la que algunos siguen considerando la líder indiscutible por el apoyo social que conserva, y otros ven como una rémora de la que hay que alejarse para pensar algún día en recuperar el poder que ahora tiene el liberal Mauricio Macri. El presidente es precisamente el más beneficiado de esta novedad política. Bossio y los otros diputados díscolos no comparten la idea del kirchnerismo de hacer una oposición durísima a Macri, con manifestaciones constantes en las calles y rechazo de cualquiera de sus reformas. La idea que tiene Bossio y otros dirigentes es que Macri ahora es un Presidente que tiene una alta valoración en las encuestas, mejor que el día en que ganó, como suele suceder en el arranque de los mandatos, y no es momento para hacer una oposición frontal sino para colaborar en algunas medidas razonables y oponerse a otras a la espera de un momento mejor para tratar de deteriorarlo. No hay un trasfondo ideológico en esta batalla sino estratégico, se discute cuál es la mejor manera de volver al poder y sobre todo quien será el líder de la oposición en Argentina, un puesto que tiene varios candidatos dentro del peronismo, incluida la propia Cristina Fernández de Kirchner. La expresidenta sigue todos los acontecimientos desde su mansión en El Calafate pero según todos los indicios prepara su regreso triunfal a Buenos Aires para recuperar su influencia. Ella no es diputada ni senadora, no tiene ningún cargo público, pero aún controla muchos parlamentarios que esperan instrucciones suyas. El asunto es clave porque Macri está en minoría tanto en el Congreso como especialmente en el Senado. Los problemas que puede tener para sacar adelante leyes y por ejemplo para aprobar cualquier acuerdo que haga con los fondos buitre son un asunto central de la política argentina y que miran con lupa los inversores internacionales. Por eso Macri viajó al foro de Davos con el peronista disidente Sergio Massa, a quien él querría como jefe de la oposición. Así ambos daban la imagen de que en Argentina gobierno y oposición están unidos. Pero el gran problema para el presidente Mauricio Macri es el kirchnerismo, que está movilizando a sus militantes y a miles de despedidos de la administración –el Gobierno confirma 6.200 y la oposición habla de 50.000– para mover las calles contra Macri. Y la clave son los números: con estos 12 diputados el macrismo seguiría en minoría pero ya no tendría el problema de que si se retiran todos los diputados kirchneristas no puede aprobar nada por falta de quórum. La clave Macri confía en que los gobernadores peronistas, que necesitan la financiación de su Gobierno para sacar adelante sus provincias, le ayuden a aprobar las leyes clave a partir de marzo, cuando empiezan las sesiones del Parlamento. Y esta escisión es una muestra de que el trabajo para dividir a la oposición del equipo de Macri está dando frutos.