La balada de Eduard Limónov
Cine. La adaptación cinematográfica de uno de los libros de no ficción más celebrados de las últimas décadas, Limónov de Emmanuel Carrère, es entretenida, pero también está al ritmo de las agendas de los tiempos que corren.

En el pasado mes de junio, se llevó a cabo la edición 16 del Festival de Cine Al Este. En ese marco, se estrenó una película que llamó la atención a más de uno: Limonov: la balada del director ruso Kiril Serébrennikov. La película tuvo su estreno en el Festival de Cine de Cannes del 2024 y desde entonces había un patente interés por saber cómo había quedado la adaptación cinematográfica de Limónov (2011), la famosa novela biográfica del escritor francés Emmanuel Carrère sobre el poeta y disidente ruso Eduard Limónov (1943-2020).
Como suele ocurrir en nuestro circuito cinematográfico, esta película solo existió durante el Festival de Cine Al Este. A ningún distribuidor o jefazo de las multisalas nacionales se le pasó por la cabeza ponerla en su programación. Solo bastaba estar medianamente informado sobre lo atractiva que era la película para cerciorarse de que había un público para ella. Limonov: la balada es una película entretenida y coherente en sus propias coordenadas y no se justifica en la fidelidad de la adaptación. Lo que hizo Kiril Serébrennikov fue coger el espíritu del libro de no ficción de Emmanuel Carrère: el asombro por un personaje único, cuya vida podría ser la de cualquier ser humano común y corriente, solo que este decide dar un paso más.
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Eduard Limónov es un escritor maldito. Forjó su leyenda partiendo desde la más absoluta marginalidad. Además, tuvo una participación política radical. Po ejemplo, en 2001 fue condenado a dos años de prisión, acusado de terrorismo por parte del gobierno ruso y por tráfico de armas. A ello añadamos que, en los años 90, participó del lado serbio en la guerra de los Balcanes. Como escritor, Limónov tenía cosas que decir partiendo de su insatisfacción vital, pero a diferencia de quienes optan por refocilarse en la posera autodestrucción, el ruso buscaba un cambio de rumbo inmediato. Ese fue el combustible para su obra literaria y para su accidentada trayectoria política. Es muy probable que, como figura de escritor al cual todos quieren parecerse, Limónov termine serruchando a Roberto Bolaño.
El Limónov de Serébrennikov privilegia la postura insatisfecha de su personaje ante su propia existencia. Su familia no exhibe grandes conflictos y sus amigos de Járkov (hoy en Ucrania) le reconocían talento literario. Pero Limónov no estaba conforme con ese estatus local y se dirige a Moscú a forjarse un nombre y diciendo lo inimaginable para todo joven escritor que busca ser aceptado: insultar a las vacas sagradas. A la par forma grupos radicales y no tardará en pasar desapercibido para las autoridades. Limónov está enamorado de Elena. En los años 70 ambos se instalan en Nueva York y viven, literalmente, todos los excesos dignos de una juventud rebelde.
Serébrennikov no profundiza en por qué Limónov es como es, solo se aboca a presentarnos un personaje en constante movimiento hacia adelante, incluso cuando Elena lo deja por otra persona ya que con él no tenía futuro, Limónov se levanta con una reforzada rebeldía.
Tiene trabajos sencillos y llega a ser el mayordomo de un millonario culto (para resaltar su reencuentro con el poeta Evgueni Evtushenko en Nueva York). Tiempo después se muda a Francia en donde su nombre ya era considerado en los círculos intelectuales y culturales. Allí también hace de las suyas y, como tenía que ser, aparece en una breve escena con nuestro admirado Emmanuel Carrère en una cafetería.
Como indicamos, el director privilegia la insatisfacción de Limónov con la vida. Esa fue su estrategia y no la traiciona. El Limónov de Serébrennikov está más ajustado a las agendas de estos últimos tiempos. Serébrennikov, veamos, es un abierto crítico del gobierno de Vladimir Putin y Limónov tuvo, en sus últimos años, una actitud similar, pero mucho más frontal en expresión.
Una película como esta tiene todos los elementos para ser discutida. Desde el inicio, el director marcó la ruta a sabiendas, imaginamos, que estaba dejando de lado información importante (algunas omisiones son escandalosas, como el tránsito de Limónov por los Balcanes) porque no se adecuaba al Limónov que quería proyectar. Se podría señalar que este Limónov viene con trampa. Pero la película es entretenida y sus más de dos horas se pasan volando. En plataformas.




















