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Sociedad

En Villa El Salvador los deudos viven entre el miedo y el dolor

Un día en villa del mar. Atrás han quedado el fuego, el humo y la deflagración, pero los vecinos de esta zona están lejos de reanudar sus vidas. Muchos tienen problemas para dormir y se niegan a utilizar sus cocinas. Ya son 22 los fallecidos.

Cortejos. El dolor parece perpetuo para los vecinos. Cada día hay un nuevo velorio. (Foto: Melissa Merino)
Cortejos. El dolor parece perpetuo para los vecinos. Cada día hay un nuevo velorio. (Foto: Melissa Merino)

Apenas ha empezado la mañana y Carmela Rodríguez se acerca a la puerta de su casa a recibir donaciones que el personal de la Municipalidad de Villa El Salvador le ha traído.

Son dos paquetes de agua y otro de ropa. Retorna a su sala y trata de ordenar los bienes que tiene apilados y en completo desorden. “Me han instalado la luz el jueves, fíjese. Hemos pasado toda una semana en penumbras desde que pasó eso”.

Carmela llama “eso” a la deflagración de gas, la tragedia que ha marcado la vida de todas las familias de la avenida Villa del Mar y que ha cobrado 22 vidas desde el 23 de enero.

Con vendas en su oreja izquierda y heridas en el brazo, esta mujer de 64 años afirma sentir miedo por las noches. Llega a conciliar el sueño por cansancio y despierta asustada ante el menor ruido fuerte proveniente de la calle.

“Me salvé de milagro. Cuando se prendió todo corría y corría. El fuego no me alcanzó, fue el vapor de la candela la que finalmente me quema”, asegura mientras muestra sus heridas.

Carmela dice que desde aquél día no volvió a salir de su casa, ni siquiera al mercado porque siente un temor que no sabe explicar. Tampoco cocina. Para poder comer, depende de las donaciones de alimentos preparados que son repartidos en la zona en el desayuno y almuerzo. Por ahora prefiere no manipular fuego hasta sentirse segura de hacerlo.

“Queremos seguridad”

A pocos metros, en una vivienda colindante, María Chévez hace ingresar a los electricistas que se encargarán de habilitar el servicio de luz en la casa de su mamá, dueña del inmueble.

“Vivo en San Juan de Miraflores pero vengo en las mañanas a ayudar a mi madre atendiendo a los funcionarios que pasan por aquí haciendo preguntas o para recibir donativos. Aún no podemos hacer nuestras rutinas normales. Queremos que vengan las autoridades y nos digan: ok, ya están libres de riesgos, pueden prender sus artefactos y hacer sus vidas. Eso queremos”, señala con impotencia.

Agradece infinitamente las muestras de solidaridad de tanta gente que los ha apoyado, por ejemplo, con víveres, pero lo cierto es que no pueden prepararlos porque sus viviendas no tienen las condiciones.

Algunas fachadas e interiores de las casas están marcadas por el hollín, en otras, aún se respira el olor a quemado, incluso hay vecinos que manifiestan seguir oliendo a gas.

En la calle, desfilan jóvenes voluntarios portando vasos con quinua y panes. El desayuno ha llegado y se distribuye acompañado con frases de aliento. Los afectados los reciben sumamente agradecidos.

Salud mental afectada

Pasan las horas y van llegando acompañantes a los velorios que se desarrollan en la vía pública o bajo algún toldo.

En apenas dos cuadras hay hasta tres toldos con cuatro cortejos fúnebres. Uno de esos es el de Jhordy Sánchez Pomatay, de 23 años, la víctima número diecinueve. Olga, la madre del joven, está sentada fuera de su casa, contemplando el féretro.

“Todos están muriendo. La última vez que vi a mi Jhordy le dije: ya no sufras, descansa mi niño”. Olga rompe en llanto y es abrazada por Cristina Ojeda, una psiquiatra de la brigada comunitaria de Chorrillos que ha llegado al lugar junto a otros especialistas del Ministerio de Salud (Minsa).

Cristina consuela a Olga, le hace un par de preguntas puntuales, pero sobre todo la escucha y consuela.

“En estos momentos, lo más importante es acompañar a los deudos, si tienen que llorar o hablar, que lo hagan, que se desenvuelvan según lo que necesiten. El duelo es un proceso y ahora toca soltar todos esos sentimientos”, dice la especialista.

El personal de salud mental del Minsa señala que a algunos de los vecinos ya se les brindan ansiolíticos. Posteriormente será necesario medicar antidepresivos en sus terapias.

Al mediodía, miembros de la congregación israelita de Villa El Salvador reparten almuerzos y bebidas en el parque N°25 que alberga a diez módulos prefabricados para familias damnificadas. Otro grupo de voluntarios hace lo mismo para los vecinos de la Av. Villa del Mar.

Luego del almuerzo, llega la hora de los juegos para los niños en la zona de los módulos, donde también se desarrollan talleres de autoestima para jóvenes y adultos.

Al promediar las 3:00 de la tarde, amigos y familiares llegan a la casa de la familia Ambrosio Navarrete. En breve los ataúdes donde descansan los hermanos Victor y Joaquín serán llevados hasta su última morada en Lurín.

Antes, un pequeño pero sentido homenaje. Suena un santiago ayacuchano de fondo interpretado por cinco músicos. Víctor y Joaquín son cargados en hombros. Eran jóvenes alegres y así fueron despedidos.

El aguatero héroe

Cuando Villa del Mar ardía, el conductor de un camión repartidor de agua conocido como “el aguatero”, pasaba por la zona. Su hermana le avisó lo que pasaba en el barrio y no lo pensó dos veces. Se dirigió a la avenida para rociar el agua destinada a la venta. Fueron 12 mil litros fundamentales para ayudar a apagar las casas que se incendiaban. De no haber intervenido, el saldo hoy sería peor.

Ese hombre es Wilder Antonio Félix Fernández y La República lo ubicó en su vivienda.

“La gente me dice héroe pero creo que solamente hice lo que debía. Llegué antes que los bomberos y pude apagar el fuego en varias casas. Recuerdo que eché agua a varias personas que ardían. Eso fue muy fuerte”, recuerda.

Wilder nació en Villa El Salvador, tiene 30 años y dos hijos. Hace diez años trabaja de forma independiente distribuyendo agua potable a los asentamientos humanos más alejados.

"Estoy contento por mi acción pero a la vez triste porque me hubiese gustado que no haya quedado tanto dolor después del fuego", señala.

“¿Si volvería a la zona?, seguramente, pero será después de que pase el luto”, afirma.

La tarde está cayendo y el cura de la parroquia de Villa El Salvador se prepara para oficiar una misa de cuerpo presente a las 7:00 de la noche en Villa del Mar. El personal municipal limpia la zona como nunca antes. Es momento de orar.

Minsa: cifra de fallecidos aumenta a 22

Al cierre de esta edición, la cifra de fallecidos por la deflagración de gas en Villa El Salvador se elevó a 22.

Así lo informó el Ministerio de Salud, indicando que el nuevo deceso corresponde a una menor de iniciales C. F. R. S. que se encontraba hospitalizada en el Instituto Nacional de Salud del Niño de San Borja.

Según datos de los familiares, otras dos hermanas de esta menor se encuentran hospitalizadas por graves quemaduras. La madre de esta menor falleció el pasado 25 de enero y fue la víctima número catorce de esta tragedia.