El informante: Nuestro hombre en España, por Ricardo Uceda

Madrid. El excanciller José Antonio García Belaunde, embajador en esta sede desde 2016, explica cuestiones pasadas y por venir. La crisis migratoria. Lo que dejaron Humala y PPK. La Alianza del Pacífico. ¿Resucitar UNASUR?

Madrid. El excanciller José Antonio García Belaunde, embajador en esta sede desde 2016, explica cuestiones pasadas y por venir. La crisis migratoria. Lo que dejaron Humala y PPK. La Alianza del Pacífico. ¿Resucitar UNASUR?

Representa a Perú aquí, en una Europa que al mismo tiempo que se consolida como proyecto político está zarandeada por la crisis migratoria. ¿Finalmente ve una solución al caos?

Efectivamente, por una parte la crisis del euro concluyó y los países solucionaron su problema de balanza de pagos, Grecia incluida. El Banco Central Europeo está fortalecido y eventualmente podrá hacer reformas. El brexit sigue siendo un proceso complejo que ha perdido mucho del impulso inicial, los apoyos son menos cada vez, las negociaciones se convirtieron en tortuosas y andan un tanto estancadas. Salvo los más intransigentes eurófobos se mantienen firmes en la salida de Gran Bretaña a cualquier precio. Por ello no descartaría que, a última hora, Londres negocie su permanencia. Y, al mismo tiempo, uno de los temas capitales es la crisis migratoria, y los consiguientes brotes de nacionalismo y xenofobia. Es un problema difícil de resolver porque hay gobiernos muy xenófobos, como el húngaro o el polaco. No hay una política común frente al flujo migratorio y la Unión Europea resuelve estas oleadas con parches. Hay países como España, Alemania y Francia que buscan soluciones y plantean iniciativas. Otros países sencillamente se niegan a recibir migrantes y cierran sus fronteras.

¿Difícil tirando para imposible o habría una salida?

Creo que la fórmula pasa por financiar los costos que deben asumir los países de acogida y tener una política de distribución acordada de los flujos migratorios. Hacer un sistema de cuotas y financiamiento.

¿La misma fórmula valdría para manejar la crisis migratoria venezolana que sobrepasó a los gobiernos latinoamericanos?

Teóricamente sí, pero teniendo en cuenta que en América Latina no tenemos instituciones como en la Unión Europea, que pueden financiar estos desplazamientos masivos, deberíamos recurrir a la cooperación internacional. Es un tema de asistencia humanitaria, y más allá de la ayuda que puedan prestarnos el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados o la Organización para las Migraciones, necesitamos recursos para satisfacer las demandas básicas de una población tan significativa. Pensar en algo así como una mesa de donantes, con carácter estrictamente humanitario.

Usted dejará la representación a fin de año, según lo previsto. ¿Cómo evolucionó la relación del Perú con España en los últimos dos años?

Tuve muy en claro lo que debían ser las prioridades de mi gestión para reforzar los vínculos de una relación que es rica, diversa, antigua. Hay tres componentes básicos en esa relación. El político, pues somos socios estratégicos, lo que implica un diálogo permanente sobre temas de interés bilateral como del debate internacional, así como la cooperación. No es casual, por ejemplo, que España tenga, en la Alianza del Pacifico, un estatus particular. Pero además España es un país portavoz o bisagra de los intereses latinoamericanos en la Unión Europea: hizo posible que se hiciera el acuerdo comercial de la UE con Perú y Colombia y facilitó que los peruanos pudieran entrar sin visa a los países europeos del acuerdo Schengen. El segundo componente básico es el económico. España es el país que tiene la mayor inversión en el Perú, y no solo de empresas grandes como Movistar o BBVA sino con medianas compañías que se movilizaron después de la crisis del 2008. En un momento hubo unos 60 mil españoles radicados en el Perú. Durante estos dos años he mantenido contacto permanente con un gran número de empresarios con intereses en el Perú y participado en foros y mesas redondas sobre nuestro país y sus oportunidades.

¿Cuál sería el tercer elemento?

La proyección cultural del Perú, que tiene una gran oportunidad al ser país invitado a la Feria de Arte Contemporáneo en Madrid el próximo año. Aparte de las galerías que estarán presentes, habrá otras exposiciones, como la de Amauta y la Vanguardia en el Museo Reina Sofía, que lo visitan tanto como a El Prado, una exposición sobre arte amazónico, otra será la exposición de fotografías de Juan Mulder o la de Nazca que estuvo en el Mali hace más de un año, entre otras presentaciones. Será una importantísima presencia del arte peruano. Como gran escenario de todos estos vínculos está otra presencia: la de los peruanos en España, incluyendo a los nacionalizados. En los últimos diez años España nacionalizó noventa mil, y hoy pueden llegar a ser doscientos mil.

¿En qué medida este rol es afectado por la permanente la crisis política que parece haber en el Perú, con picos pronunciados como la caída de Kuczynski?

En mis conversaciones con periodistas, funcionarios y empresarios percibí que esas turbulencias políticas no habían afectado la imagen del país, básicamente porque se dieron dentro de los cauces constitucionales. Soy un convencido que la visión del Perú desde Europa es mejor de la que tenemos nosotros desde adentro. Nos aprecian como un país ordenado, con estabilidad jurídica y continuidad en las políticas económicas, al que le va bien desde hace tiempo y que nada hace pensar que no va a seguir creciendo.

En España ha tomado las riendas el socialismo del PSOE, corrido del centro hacia la izquierda, y tiene cierto entendimiento con Podemos, que ahora pareciera ir de la izquierda más radical hacia el centro. Hasta se vislumbra un pacto. ¿Qué está pasando?

La izquierda española que más se ha modernizado es la representada por el PSOE hoy en el Gobierno. Pero sigue ahí la izquierda de la IU, la del Partido Comunista y Podemos (que surge después de los anteriores) con un discurso parecido al de la izquierda latinoamericana de los setentas. Sin embargo, han sido capaces de negociar la investidura de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno y ahora han negociado temas como los nuevos presupuestos, entre otros.

Esto se lo pregunto para finalmente imaginar el ejercicio en América Latina. ¿Qué pasaría si el Apra virara a la izquierda? ¿Tiene futuro la centroizquierda luego del derrumbe del chavismo?

Hay que considerar dos derrumbes. Primero, el del proyecto de Hugo Chávez. Recordemos que lleva del brazo a Ollanta Humala en el 2006, lo que fue astutamente aprovechado por Alan García como nos lo recuerda recientemente Marco Sifuentes en su libro sobre los Humala. Pero en el 2011 Humala descarta esa cercanía. En cinco años el proyecto chavista, que era la revolución setentera, ya no era más un referente. Lo era Lula, que no tenía un discurso anticapitalista ni antiinversiones privadas, pero dispuso un masivo gasto social para los pobres. Ingentes cantidades de dinero que terminaron pasando factura a la economía del país. No me animaría a decir que el proyecto brasileño sigue siendo un referente en la región como lo fue hasta la caída de Lula. En cuanto al Apra, le ha ocurrido lo que a la mayoría de sus partidos hermanos, los socialdemócratas, que se baten en retirada allí donde fueron importantes y desarrollaron gobiernos exitosos. ¿Un viraje a la izquierda les puede dar un nuevo empuje y perspectiva? Difícil saberlo: en el Perú hay muchas izquierdas

Cuando subió Humala ocurrieron dos cosas sorprendentes, considerando que Lula lo apoyó y que Odebrecht le dio por lo menos tres millones de dólares. Uno fue que no compró los aviones Tucano brasileños, una operación que estaba cantada, y prefirió comprarle aviones a Corea del Sur. Dilma Rousseff dejó de venir al Perú por eso.

Efectivamente, es un enigma. Yo puedo decir que encontré más bien deteriorada la relación con Brasil que heredamos de Toledo. Al cabo de cinco años la dejamos en óptimo estado, pese a las diferencias ideológicas entre Alan y Lula, quienes discutían una y otra vez sobre sus políticas de inversión y de gasto social.

Lo segundo sorprendente es que Humala, con todo su discurso izquierdista, asumiera la Alianza del Pacífico.

Al comienzo Humala veía con desgano o sin interés alguno la Alianza del Pacífico pero antes del año se dio cuenta de que ni la Comunidad Andina ni UNASUR funcionaban como proyectos de integración, y la Alianza sí. Es que no se puede hacer integración solo por motivos geográficos, de vecindad, o con encendidos discursos políticos, sino a partir de políticas económicas afines y de compartir valores y creencias. La afinidad de los países de la Alianza del Pacífico está dada porque todos somos economías abiertas, todos tenemos acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos y con la UE, tres de los cuatro tenemos acuerdos comerciales con China…

¿Qué destacaría de la política exterior de Humala?

Rescataría la continuidad en el manejo del proceso de La Haya, y en el caso de su canciller Roncagliolo el haberse empeñado con los chilenos, desde el canciller Moreno hasta periodistas, académicos y empresarios, en lograr un buen aterrizaje del fallo en ambas partes. Se temía, con algo de razón, que pudiera haber conflictos, y para evitarlos trabajaron intensa y seriamente y tuvieron éxito. En lo demás ese gobierno no hizo gran cosa. No solo no supieron construir un liderazgo dentro de UNASUR, sino que se supeditaron al de Venezuela. Esto cambió con Kuczynski y el canciller Ricardo Luna. Recurrieron a una experiencia exitosa de la diplomacia peruana de los años 80: tomar iniciativas para articular posiciones latinoamericanas y así enfrentar un problema de la región. Crearon el Grupo de Lima. Es lo más importante de PPK y Luna, y mantiene una continuidad hasta hoy.

Sin embargo, con la crisis del chavismo, y con Brasil, México y Argentina concentrados en sus propios problemas, pareciera que en América Latina no habrá liderazgos importantes. ¿En qué podría gravitar Perú en los próximos años?

La política exterior peruana tiene la paternidad de la Alianza del Pacífico. Es un espacio que nos compromete y tendríamos que ver cómo lo enriquecemos. Ecuador quiere entrar y hay dos otros países más que lo desean. Hay que estudiar si conviene expandir la membresía y bajo qué términos y condiciones. También debemos ver si el menú será solo económico y comercial. Podría ser un foro para alguna presencia internacional conjunta en el tratamiento de ciertos temas políticos globales. En cuanto a UNASUR, que está en una crisis gravísima, porque Colombia se ha salido y el Perú y otros países han suspendido su participación, quizá se lo pudiera revivir concibiéndolo como el gran proyecto para la integración física de América del Sur que debió ser. Esa es una tarea inmensa y que reportará grandes beneficios para nuestros pueblos, muy poco interconectados en nuestro hinterland. 

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