La agenda socioemocional de la educación pública, por Misión Educación

El bienestar socioemocional exige docentes preparados y acceso oportuno a la atención psicológica.

La agenda socioemocional de la educación pública, por Misión Educación
La República

Colabora Alex Ríos Céspedes, coordinador del proyecto Horizontes Amazonía - UNESCO Perú

Luego de la pandemia, el interés por la salud mental y el bienestar socioemocional se ha ido instalando progresivamente en la educación pública. En 2016, el término “socioemocional” apenas se mencionaba en el naciente Currículo Nacional. Para 2026, el MINEDU ha elaborado normas, lineamientos, definiciones, experiencias de aprendizaje, investigaciones e instrumentos de evaluación socioemocional formativa para los docentes. Asimismo, Perú viene generando evidencia clave basada en evaluaciones socioemocionales a gran escala: ENLA a nivel nacional, ERCE a nivel regional y SSES a nivel mundial. Estos avances deben saludarse y cuidarse.

Dos aspectos requieren consolidarse. Por un lado, enfatizar el aprendizaje socioemocional como parte integral del desarrollo de la niñez y adolescencia (un fin en sí mismo), y no (solo) por sus contribuciones a otros objetivos educativos (un medio para). Por otro lado, concebir el aprendizaje socioemocional desde una perspectiva intercultural. Las habilidades socioemocionales no se desarrollan en un vacío y sus variantes interpersonales son vitales en territorios donde existe un fuerte arraigo comunitario, indígena o colectivista.

¿Qué sigue? Los avances también plantean desafíos. El primero está vinculado al rol docente: no es posible promover el bienestar socioemocional de los estudiantes sin fortalecer la formación y el bienestar socioemocional de sus profesores. La experiencia en Perú muestra la necesidad de cubrir tanto aspectos profesionales como personales de los propios docentes en la formación inicial y en servicio.

El segundo está relacionado con el rol del psicólogo. La presencia de psicólogos como parte del servicio educativo para brindar soporte profesional al docente, brindar consejería a los estudiantes o atender casos especiales está prácticamente ausente, y la articulación con los servicios de salud aún es deficitaria. Aquí no se discute si se necesita un psicólogo en cada escuela, sino cómo se facilita que un estudiante tenga acceso a uno cuando lo necesita. Servicios itinerantes, SERUM en escuelas, telepsicología, entre otros, deben entrar en debate y encarnarse en una política pública presupuestada.

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