
“Me voy a España”, fueron las últimas palabras de César Vallejo pronunciadas antes de que expirara el 15 de abril de 1938. Poco tiempo antes, había publicado España, aparta de mí este cáliz y, por su parte, Pablo Neruda presentó España en el corazón.
Por su parte, apareció el poema 'No pasarán' de Nicolás Guillén. En nuestro tiempo, centenares de páginas de Alejandro Romualdo, Arturo Corcuera, César Calvo y Marco Martos completan una imparable canción a la nación que es madre de nuestra lengua y de muchos de nuestros sueños.
La invasión fascista del 16 de julio de 1936 dio comienzo a una guerra desigual en la que, luego de una heroica resistencia, los españoles republicanos serían derrotados por el aplastante poder de fuego de Hitler, Mussolini y Franco.
Al lado de España estuvo entonces una Brigada Internacional constituida por luchadores antifascistas que llegaban desde todo el mundo. Un buen contingente arribó desde América Latina.
También hubo peruanos y, entre ellos, un joven poeta que se preguntaba todo el tiempo “¿dónde termina España?”. Bernardo García Oquendo (1908-1947) tenía razón en preguntárselo porque, en distintas oportunidades, el gobierno peruano había mostrado su adhesión más completa a la invasión fascista.
En esos días se produjo la visita protocolar de un ministro de Mussolini que arribó a Lima cargado de alabanzas para Franco. Cuando el italiano decidió entrar a la Universidad de San Marcos, los estudiantes lo arrojaron a la pila de la Facultad de Derecho. Por esa razón, o sin razón, el Duce pedía la pena de muerte contra ese grupo de jóvenes entre los que se encontraba José María Arguedas. Nuestro escritor no fue ejecutado, aunque permaneció algún tiempo en la cárcel.
Bernardo había nacido en Lima y desde muy joven había mostrado sus convicciones progresistas.
Una costumbre de los jóvenes que pensaban así era celebrar la Fiesta del Árbol en Vitarte junto a los obreros de ese lugar. Fiel a sus creencias, Bernardo se casó en una de aquellas celebraciones cuando apenas tenía 19 años y su novia, 17.

Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook.
Sus convicciones sociales lo llevaron a integrarse al aprismo, un movimiento recién fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, que propugnaba el socialismo para una Indoamérica unida. Los azares y persecuciones que ese partido sufrió empujarían a Bernardo una y otra vez a la cárcel. Luis Alberto Sánchez diría posteriormente que “la cárcel política en el Perú es un certificado de decencia”.
Luego de varias prisiones e incluso de escapar al fusilamiento, Bernardo saldría exiliado a Panamá. Por fin, llegaría a España en 1935.
García Oquendo, por supuesto, se sumó a la causa republicana de inmediato. Su valentía infatigable lo llevó a participar en batallas como la de Teruel, Belchite, Aragón, el Ebro, Huesca y Monte de Escandón.
Según he escuchado, estuvo escondido en pleno campo enemigo cuando se encontraba en Fuentelsaz. Allí la ocupación franquista era tan cruel que uno de los soldados moros, imbuido de su fe musulmana, protestó ante Dios y se quitó la vida. Ese mes de encierro involuntario hizo que Bernardo comenzara a escribir su libro ¿Dónde termina España?
Perdida la guerra, nuestro compatriota huyó a Francia, pero allí fue detenido y encerrado en un campo de concentración en Adge, en los Pirineos Orientales. Catorce meses después, el cónsul chileno en París, Pablo Neruda, conseguiría su libertad y lo embarcaría en el Winnipeg rumbo a Valparaíso.
Pocos fueron los días tranquilos que conoció Bernardo. Da la impresión de que los mejores ocurrieron cuando se hallaba escondido en casa de un pastor en Fuentelsaz y cuando, por las noches, escribía mientras observaba las apacibles montañas de Castilla.
El 90 aniversario del feroz alzamiento de Franco coincide con este año. Debe ser por ello que prefiero evocar los pasos de un peruano que peleaba por España y escribía poesía.
Tal vez eran los versos de Bernardo los que me pareció escuchar mientras caminaba yo hacia el castillo de Fuentelsaz hace unos años. Quizás sus palabras se han quedado detenidas en el tiempo y se siguen levantando este miércoles para defender a la humanidad y decir que ni la libertad ni la propia España van a terminar jamás.

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