Dina Boluarte y José Jerí han anunciado públicamente su voto por Keiko Fujimori invocando una sola palabra: orden. Esa palabra, que acompaña como mantra la campaña fujimorista, merece ser leída con la precisión que el contexto electoral exige.
El orden que ambos invocan no es el del Estado de Derecho sino el del sistema que los colocó y finalmente los descartó cuando dejaron de ser útiles al pacto corrupto comandado por Fuerza Popular y sus aliados parlamentarios. Ese sistema, que sigue funcionando, que vota en bloque, claro que tiene incentivos concretos para preservarse.
Boluarte votará por Fujimori. Eso ha escrito en una columna desde la impunidad que le garantiza el blindaje parlamentario mientras enfrenta investigaciones por las muertes durante las protestas de 2022 y 2023, hoy dormidas en la fiscalía del pacto. Asimismo, Jerí declaró en dos entrevistas televisivas y como consecuencia renunció al partido Somos Perú, del que fue militante por 13 años: votará por Fuerza Popular porque le da "más garantías". Ambos usaron exactamente la misma palabra que el eslogan de campaña de Keiko Fujimori: orden.
Que ambos ex encargados de la Presidencia del Congreso corrupto anuncien su voto por Keiko Fujimori no es una simple opinión ciudadana. Se trata de la confirmación pública de que el pacto vota en bloque para preservarse a sí mismo y a las instituciones que capturó para protegerse.
El manoseado orden que un gobierno fujimorista garantizaría tiene un mapa documentado. No es lógico asumir que mientras el fujimorismo esté en el poder, ni Dina Boluarte ni José Jerí, serán investigados por los presuntos delitos que habrían cometido en la Presidencia: los rolex, las muertes en las protestas, el Chifagate. Ello sería solo será posible, si hay un cambio en la conducción del Congreso y si el Ministerio Público vuelve a ser libre. Y los exmandatarios lo saben. Ese es el "orden" al que se aferran.
La ciudadanía peruana tiene derecho a saber, antes del domingo de segunda vuelta, que cuando dos expresidentes del pacto invocan orden lo único que describen es la continuidad de un sistema construido para que la justicia no los halle. Lo que llaman orden tiene otro nombre: blindaje. Y ese blindaje tiene víctimas concretas, desde los peruanos muertos en las protestas hasta las familias de víctimas del conflicto armado interno que esperan justicia desde hace décadas.