Opinión

El triunfo de Noboa

Nuevo presidente ecuatoriano gobernará hasta mayo del 2025.

EDITORIAL
EDITORIAL

El domingo por la noche se conocieron los resultados finales de las elecciones presidenciales en Ecuador. El empresario Daniel Noboa es el nuevo presidente de la República y gobernará por un lapso de 1 año y 5 meses, hasta completar el mandato del actual gobernante, Guillermo Lasso, quien utilizando el mecanismo denominado muerte cruzada disolvió el Congreso y convocó nuevas elecciones.

Las votaciones le dieron el mayor apoyo a Noboa y ganó por 52% frente a la candidatura de Luisa González, del correísmo, quien quedó segunda con el 48%.

El mensaje de reconocimiento al ganador se realizó el mismo domingo por la noche, luego de conocerse los primeros resultados oficiales que daban una diferencia de 4 puntos entre ambos.

Luisa González señaló: “Basta de odios, de polarización. El Ecuador necesita sanar. Cuentan con nosotros para un acuerdo común, de patria”.

Noboa, el hijo del hombre más rico del Ecuador, no proviene de ningún grupo político ni tampoco se define ideológicamente, pero planea reducir impuestos, dar impulso a la empresa privada y promover la inversión extranjera.

Rafael Correa, el promotor de la candidatura de Luisa González, ha perdido por segunda vez en una campaña presidencial, aunque su partido, Revolución Ciudadana, ganó en las más importantes localidades en las más recientes elecciones municipales.

El flamante presidente Noboa dirigió un mensaje al conocerse su victoria: “Mañana empezamos a trabajar por este nuevo Ecuador, para reconstruir un país que ha sido gravemente golpeado por la corrupción, la violencia y el odio”.

El hermano país tiene serios problemas de seguridad, que llegaron a su punto más alto con el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio y la posterior liquidación de todos los sicarios —sus presuntos asesinos— detenidos en dos cárceles de máxima seguridad.

Es importante que en Ecuador se hayan mantenido las formas democráticas básicas. El reconocimiento de la derrota y el llamado a la participación para promover la agenda política y de desarrollo crean mayores bases para la tolerancia y un ejercicio de las mayorías y minorías que garantiza continuidad en las políticas públicas.

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