Comer, viajar y gastar
“No vaya a ser que, como ha ocurrido antes, los desatinos de este Parlamento frívolo, corrupto y alejado de la realidad estén cargando la olla a presión del descontento popular”.

Una regla del sentido común dice que las generalizaciones deben ser evitadas. No es raro que dentro de un grupo humano haya díscolos con una conducta revoltosa, indisciplinada, corrupta. Que un puñado de personas contamine la imagen del colectivo y le transfiera su mala fama al resto es sumamente injusto.
Este no parece ser el caso del Congreso peruano, donde los pícaros son la norma y no la excepción. Su comportamiento es tan mayoritariamente calamitoso que no es arriesgado decir que ese escueto 6% de aprobación podría ser una medida bastante precisa de su composición, con un 94% de los parlamentarios hundido en el fango de la mediocridad, la corrupción, la impertinencia, la malacrianza, el amarre e, incluso, el delito.
A estas alturas es evidente que las distintas propuestas de adelanto de elecciones que se debatieron los últimos dos meses fueron una pantomima, pues nunca existió la voluntad de abandonar el cargo y sus beneficios asociados: el salario, las ventajas, el salto social y, por qué no, la posibilidad de apalancar lobbies de todo pelaje.
Pero esta semana la pendiente se inclinó todavía más, con el desvelamiento de las vertiginosas adquisiciones de las últimas mesas directivas, que la actual, presidida por José Williams, ha llevado al paroxismo, con casos como el bufete a 80 soles, los 68 vuelos al exterior acordados en diciembre del año pasado o la cena de gala organizada en plena crisis. Con semejantes antecedentes, lo más probable es que el rechazo siga creciendo y el único freno a la caída de la popularidad parlamentaria sea el cero de la aritmética.
Todo indica que Williams cree haber encontrado una solución a su precariedad en el cargo: abrir la mano y repartir toda clase de regalos, sinecuras y agasajos para tener contentos a sus colegas a cargo del erario público. Las consecuencias han sido estrepitosas: el ingreso de la Fiscalía anticorrupción para una diligencia por el suculento bufete gratis y un escándalo que ha querido ser atajado de la manera más torpe y primitiva: forzando la renuncia de José Cevasco, oficial mayor del Congreso, que fue enviado al matadero, como un chivo expiatorio de las culpas ajenas.
El propio Cevasco fue bastante explícito cuando dijo que su renuncia se producía por consideraciones “políticas”. El adelanto de elecciones terminó de descartarse por la idea de que las protestas callejeras habían amainado y la paz social estaba a la vuelta de la esquina. Es verdad que las cosas parecen estar ahora más tranquilas, pero cuidado. No vaya a ser que, como ha ocurrido antes, los desatinos de este Parlamento frívolo, corrupto y alejado de la realidad estén cargando la olla a presión del descontento popular, que recupere su virulencia luego de unas semanas de descanso.





