Opinión

Un girasol versus una margarita

“Y ya que San Valentín es una temporada más comercial que amorosa, combina mejor con “ahora solo hay números en tu cabeza”, un estribillo del salsero Santa Rosa”.

Las parejas aprovechan para darse todo tipo de regalos y sorpresas en San Valentín. Foto: La República
Las parejas aprovechan para darse todo tipo de regalos y sorpresas en San Valentín. Foto: La República

Le hablé al girasol que está sobre mi mesa. Me dijo: “Yo no soy una margarita, princesa”. La altanera flor amarilla desconocía la intención de mi charla: desterrar las coronas, olvidarlas. Porque cuando febrero amenaza con su reputación en tono vino tinto y tamaño XL, favorece más una sátira que permita que el amor vuele. Así que pon atención, flor de vestido color encanto —probé otra vez—, los flechazos aquí no terminan en llanto.

Mientras tú te juegas la vida en un florero de oferta, hay bolsillos que registran un gasto prohibido, una cifra de dos o tres dígitos, ¡alerta! Arriba el calendario y también el proceso bancario: el 14 está a un fin de semana de distancia y para algunos la quincena, que aún no llega, ya no alcanza. No es aversión, es desengaño: el cariño no se puede resumir en una sola compra al año.

Y ya que San Valentín es una temporada más comercial que amorosa, combina mejor con “ahora solo hay números en tu cabeza”, un estribillo del salsero Santa Rosa. Pero en medio de la dictadura de las flores de plástico con aroma de oficina, tú, girasol, mereces una canción a lo Sabina. Quizá “Nos sobran los motivos”, quizá “Contigo”, quizá “Dieguitos y Mafaldas”, ¿has escuchado lo fácil que en una relación es caminar de espaldas?

Creo que Cupido —el personaje que alardea de ejemplo, según Romeo Santos—, tiene que ver con ese ruido: es un dios que apunta desde el aire y sin arnés, es natural que algo salga enredado, al revés. El despistado Eros tampoco atinó con el día, el 14 de febrero es lunes y el ánimo, aún nostálgico por el domingo, solo quiere visitar una cafetería. Pero ese sitio estará lleno de gente insistente por publicar en redes una foto, ¿se tratará de una medida para evitar un corazón roto? Parece tan simple como una promesa escrita o como deshojar un girasol en lugar de una margarita.