El Estadio Nacional se tiñó de rojo por Iron Maiden y Dickinson ondeó la bicolor
Eddie salió con 'The Trooper, Bruce Dickinson saludó a las nueve de la noche con un "¡Holaaa, Perú!" y las bengalas de Fear of the Dark convirtieron el estadio en un incendio.

Ocho y cuarenta de una noche que quemaba y no precisamente por el clima. Ni un minuto antes, ni un minuto después. Las luces del Estadio Nacional comenzaron a apagarse y los parlantes empezaron a retumbar con The Ides of March, el tema instrumental que sirve como preludio a la voz de Bruce Dickinson. En ese momento todo el estadio se unió en un solo grito.
Hacia las siete de la noche, casi dos horas antes del show, todo estaba repleto de gente vestida de negro. Afuera algunos vendían comida, otros buscaban por dónde ingresar y muchos hacían el previo, cerveza en mano, y por supuesto con música a todo volumen de la Doncella de Hierro, como si el concierto ya hubiera empezado en la calle.
Al entrar, lo primero que se veía era la emoción en las caras de la gente. Niños, padres y abuelos estaban ansiosos, como quien llega a una cita que esperó por años.
- La literatura detrás de La Dama de Hierro, por Diego Alonso Sánchez
- Iron Maiden en Lima 2026: fecha, horario, setlist y todo sobre su concierto en el Estadio Nacional
Justo a las nueve, Bruce Dickinson avanzó hasta el borde del escenario, abrió los brazos y lanzó el saludo que miles esperaban. "¡Holaaa, Perú!".
La respuesta llegó desde el campo hasta la última grada de la zona norte, como si el estadio lo hubiera esperado por años, 15 años para ser exactos.
Entonces apareció Eddie the Head. Enorme, imponente, la mascota de la banda salió al escenario con ‘The Trooper’, y el estadio cantó el tema como si se tratará de nuestro himno nacional. Eddie nació de un chiste del East End londinense que trata de un niño que solo tenía cabeza. En Lima, gracias a los fans, Eddie tuvo cuerpo y voz.
En esa misma canción, Dickinson ondeó la bandera de Perú con una energía desbordante. El multifacético frontman de Iron Maiden retribuía así a sus fanáticos. Su acto quebró de emoción al público.
Con Fear of the Dark llegó el rojo. Las bengalas se encendieron en el estadio y la noche se tiñó de un color que no era el de las luces del escenario, sino el fuego y la pasión de los fanáticos. El rojo subió como el humo, lento al principio, de golpe después.
Y hubo el grito que nunca falta. El inconfundible "Olé, olé, olé, olé, Maiden, Maiden" se escuchó en varios momentos, el canto de las tribunas de fútbol se convirtió en un himno metalero.
Sobre el escenario, Janick Gers, a sus increíbles 69 años, lanzó maniobras imposibles con la guitarra, mientras sonaba Iron Maiden, la canción que lleva el nombre de la banda. A su lado estaban Dave Murray y Adrian Smith en las guitarras, Steve Harris al bajo y Simon Dawson en la batería.
Era la tercera vez de la banda en Perú, desde 2009. Fue una espera larga para los fanáticos, pero esa noche el tiempo se midió de otra manera, en canciones, en banderas, en rojo, en pogo, en sudor, en rabia.
Una doncella de hierro, cuenta la leyenda, era una especie de sarcófago que llevaba largos clavos por dentro, era un aparato de tortura de la Edad Media. Sin embargo, el sábado, en el Estadio Nacional, miles de personas entraron por voluntad propia a ese armario vertical, pagaron su entrada y salieron llenos de la energía del heavy metal.

La Doncella de Hierro en vivo, en Lima












































