
Miles de hectáreas arrasadas, viviendas destruidas y muertes forman parte de la historia del fuego en Perú. De las reservas comunales asháninkas al Parque Nacional Otishi de Junín, a las tragedias de Urubamba, en Cusco, 12 casos de pérdidas humanaspermiten comprender sus consecuencias y el trabajo de quienes enfrentaron las emergencias.
Los incendios dejaron marcas profundas en 16 regiones del país, aunque sus dimensiones no pueden medirse con una sola vara. Algunos se extendieron sobre miles de hectáreas; otros ocuparon superficies mucho menores, pero provocaron una enorme cantidad de pérdidas. Compararlos exige distinguir la extensión quemada, la destrucción material y el costo humano.
También es necesario diferenciar las causas. Un rayo puede iniciar un incendio rural, mientras que una quema negligente o una acción deliberada pueden desencadenar otros. La sequía, el calor y el viento favorecieron la propagación, pero no explican por sí solos cómo comenzó cada foco.
De acuerdo con el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) se reportaron 479 emergencias con daños aprobados que dejaron 12 personas fallecidas y a otras 708 afectadas.
También se perdieron 88 animales de distintas especies y 832 quedaron afectados. Asimismo, hubo 1.299 hectáreas de cultivos perdidas y 81 afectadas, mientras que de cobertura natural se perdieron 13.838 hectáreas y otras 8.737 quedaron afectadas.
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Este jueves, el Ministerio de Defensa informó que, tras varias semanas luchando contra los incendios forestales en distintas regiones, por fin se reporta cero incendios activos.
Indicaron que las lluvias registradas en las últimas horas terminaron de extinguir el fuego propagado y contribuyeron al esfuerzo desplegado por brigadistas y población civil.
De acuerdo con el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), cinco incendios forestales se encuentran bajo control, pero no activos en las regiones de Apurímac, Cusco y Junín.
En estos departamentos, el Ministerio de Defensa, a través de las Fuerzas Armadas, continúa combatiendo el fuego con su capacidad terrestre y aérea.
En Apurímac, el esfuerzo se concentra en San Antonio de Matibamba, distrito de Curahuasi, provincia de Abancay. En Cusco, en la comunidad de Callapiñayoc, distrito de Yanatilé, provincia de Calca. En Junín, batallones del Ejército buscan extinguir el fuego en comunidades nativas de los distritos de Río Tambo y Pangoa, ambos ubicados en la provincia de Satipo.
Amenaza para indígenas
Los incendios forestales han amenazado a comunidades nativas y territorios indígenas, impactando de forma directa tanto a sus viviendas y cultivos como a su salud.
Uno de esos riesgos se cernió sobre el Parque Nacional Otishi (ubicado entre las regiones de Junín y Cusco), donde habitan grupos de Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial (PIACI).
Los Mashco Piro, uno de los pueblos indígenas seminómadas en situación de aislamiento más numerosos del mundo, también podían correr peligro si las llamas alcanzaban los bosques donde habitan en la selva amazónica, específicamente entre las regiones de Madre de Dios y Ucayali.
El impacto de los incendios forestales ha desnudado la falta de una política integral de manejo del fuego.
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Las extensas llamas y la densa humareda no solo destruyeron miles de hectáreas de cobertura natural y sino que mantuvieron a muchas comunidades de la selva y la sierra bajo niveles de contaminación atmosférica calificados como muy insalubres.
Las comunidades Asháninkas de la selva central enfrentaron una grave emergencia por un incendio que se inició el 4 de octubre en la comunidad nativa de Tsyapo, devastando el distrito de Río Tambo, en la provincia de Satipo, región Junín. Las llamas han destruido 2500 hectáreas de bosques primarios y cultivos agrícolas y avanzaron rápidamente favorecidas por las altas temperaturas, el viento y la falta de lluvias.
Allí, al menos 85 familias Asháninkas de diversas comunidades nativas han resultado afectadas, perdiendo sus viviendas y sus principales medios de subsistencia. Las comunidades Tincareni, Alto Coveja y Cutivireni se encuentran entre las zonas más afectadas.
Alerta de peligro
El general Julio César Gálvez, director ejecutivo del Indeci Junín, advirtió que, si no se lograba controlar el incendio forestal, podía avanzar hacia el Parque Nacional Otishi. Además, dentro del área natural protegida existen familias indígenas que viven en situación de aislamiento voluntario o sin contacto regular con la sociedad.
Ángel Pedro Valerio, presidente de la Central Asháninka del Río Ene, dijo: "necesitamos impulsar una Ley de Manejo Integral del Fuego en el Perú, que reconozca conocimientos de los pueblos indígenas y fortalecer la preparación y respuesta desde el territorio".
Lamentablemente no son los únicos pobladores en aislamiento que están en peligro. Julio Cusurichi Palacios, líder Indígena de la Amazonía Peruana de la Comunidad Nativa el Pilar y actualmente presidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes y tesorero de Aidesep sostuvo que los Mashco Piro también se encuentran en peligro de extenderse estos incendios hacia los bosques donde habitan.

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