Una presidencia con los límites marcados.,El Presidente de Ecuador, uno de los cinco países limítrofes con el Perú, asume el poder en un contexto distinto para su país. A diferencia de su antecesor, Rafael Correa, no será fundador sino continuador, y esa condición será esencial en su gestión. No es el único signo distintivo respecto del pasado; su victoria ajustada pone sobre la mesa los límites a los que ha llegado el proyecto de Correa denominado Socialismo del Siglo XXI, y que perdió la mayoría social con ocasión de las marchas de junio del año 2015 contra los proyectos de ley para gravar hasta con el 75% las herencias y debido a sus diferencias con las organizaciones indígenas y de mujeres. Ambos fenómenos marcarán una gestión que además deberá lidiar con dos problemas relativamente nuevos: el primero, una oposición organizada que recibe el impulso que emite la finalización de los proyectos personalistas del progresismo de la región, especialmente el de Venezuela. Es sintomático al respecto que Nicolás Maduro suspendiera su presencia en la toma de mando de Moreno solo unas horas antes debido a las anunciadas movilizaciones de rechazo a su visita, y que más bien haya sido el presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, crítico del régimen venezolano, uno de los recibidos con mayor cordialidad. Otro elemento nuevo que deberá encarar el gobierno de Moreno es la desaceleración de la economía, que luego de 21 trimestres de crecimiento ha experimentado retrocesos. En su discurso inaugural, Moreno ha avanzado algunas líneas de cambio, ha defendido la dolarización, se ha mostrado partidario de la austeridad y ha dado a entender que reestructurará la deuda pública. Más desafiantes serán los cambios políticos, un escenario en el que Moreno tiene poca capacidad de movimiento. Correa no estará pero es el padre del proyecto político del que Moreno es continuador y usuario, con una fuerte presencia del “correísmo” en el Congreso y en el mismo Ejecutivo. Es prematuro sostener hasta qué punto Moreno desea desandar la lógica autoritaria y personalista de Correa y tender puentes con sectores radicalmente críticos al ex mandatario. Si decide hacerlo, tendrá dificultades internas y si decide extremar este modelo, tendrá a la sociedad delante. Más fácil será establecer las líneas de un correísmo sin Correa en materia social, preservando los reconocidos avances en materia de servicios públicos en Salud y Educación. Para ello incluso, Moreno deberá echar mano a la tecnocracia formada en la década de su antecesor. Está finalmente la política exterior en la que lo más resaltante es el vaciamiento de una proyección internacional del modelo político ecuatoriano. Por otro lado, debe reconocerse que el largo período de Correa fue de acercamiento bilateral con el Perú, a pesar de las diferencias políticas, y de una actitud en favor de la integración, una etapa que podría señalarse como la de más alta cooperación con tres gobiernos constitucionales peruanos. Es de esperar que esta vecindad continúe y se fortalezca.