
En agosto de 2024, una enorme extensión de agua quedó expuesta en una región de la Antártida Oriental que había permanecido cubierta por hielo marino durante los inviernos anteriores. El fenómeno alcanzó los 89.121 kilómetros cuadrados, una superficie comparable a la de dos Suizas, y sorprendió a los científicos por su aparición en pleno invierno polar.
Un estudio publicado a finales de septiembre en la revista científica Geophysical Research Letters, elaborado por investigadores de la Universidad Bharathidasan, en India, reconstruyó las condiciones que hicieron posible este fenómeno. Los resultados apuntan a la coincidencia de dos procesos extremos: la llegada de aire cálido y húmedo desde latitudes más bajas y el ascenso de agua relativamente cálida desde las profundidades del océano.
El equipo, liderado por el investigador Jeebanjyoti Swain, identificó seis episodios de ríos atmosféricos que atravesaron la región entre julio y agosto de 2024. Estas corrientes son franjas estrechas de la atmósfera que transportan grandes cantidades de vapor de agua y energía desde regiones más cálidas hacia latitudes polares.
Ubicación de uno de los agujeros en la Antártida. Foto: UW News
Durante esos episodios, el transporte de humedad alcanzó niveles excepcionales en comparación con los registros de 1979 a 2023. En algunos momentos, las anomalías de temperatura del aire rondaron los 19 °C por encima de los valores habituales para esa época del año. Esto no significa que la temperatura llegara a los 19 °C, sino que fue considerablemente más alta de lo normal para el invierno antártico.
La humedad, las nubes y el aire más cálido dificultaron que el océano perdiera calor y que el hielo volviera a formarse con normalidad. Las precipitaciones también contribuyeron a estas condiciones: en lugar de la nieve seca habitual, se registró nieve más húmeda. Sin embargo, el efecto de la atmósfera no explica por sí solo la apertura de esta enorme zona de agua.
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Los fuertes vientos que soplaron sobre la bahía de Breid alteraron la circulación del agua mediante un proceso conocido como succión de Ekman. Este mecanismo puede favorecer el ascenso de aguas profundas cuando los vientos desplazan las capas superficiales del océano.
En esta región, situada sobre una cuenca profunda entre las elevaciones submarinas Astrid y Gunnerus, el proceso permitió que llegara a las capas superiores agua circumpolar profunda, una masa de agua relativamente cálida del océano Austral. Así, mientras la atmósfera dificultaba la formación de hielo desde arriba, el océano aportaba calor desde abajo.
La temperatura superficial del agua llegó a presentar una anomalía cercana a los 0,6 °C, y una ola de calor marina se mantuvo aproximadamente entre el 23 de julio y el 14 de agosto. Aunque esta diferencia pueda parecer pequeña, resulta importante en un entorno donde el agua se encuentra cerca de su punto de congelación.
Una zona con poco hielo volvió a aparecer en la Antártida. Foto: NASA
La combinación de ambos factores favoreció la aparición de la polinia, término científico que designa una zona de agua abierta o con muy poco hielo rodeada por hielo marino. El área comenzó a abrirse el 4 de agosto, cuando las zonas sin hielo sumaban unos 9.494 kilómetros cuadrados. El 7 de agosto alcanzó los 76.643 kilómetros cuadrados y, un día después, llegó a su extensión máxima de 89.121 kilómetros cuadrados.
La apertura se redujo rápidamente: para el 10 de agosto, la superficie de agua expuesta había disminuido a unos 8.744 kilómetros cuadrados. Hacia mediados de ese mes, el hielo invernal había vuelto a cubrir la región.
Las polinias no son fenómenos desconocidos en la Antártida. Algunas aparecen de forma recurrente cuando los vientos apartan el hielo de determinadas zonas. Lo excepcional en la bahía de Breid fue la magnitud de la abertura durante el invierno. Según el estudio, los registros satelitales disponibles desde 1979 no habían mostrado allí un episodio invernal semejante.
El hallazgo también se produce en un contexto de reducción del hielo marino antártico. Desde 2016, su extensión ha experimentado un deterioro importante, y los investigadores señalan que el calentamiento del océano Austral y los posibles cambios en los ríos atmosféricos podrían favorecer condiciones similares en regiones que hasta ahora habían permanecido relativamente estables.
No obstante, esto no significa que las polinias gigantes vayan a repetirse de manera habitual. Los científicos consideran necesarios nuevos estudios y modelos más detallados para determinar cómo podrían evolucionar estos fenómenos y con qué frecuencia podrían aparecer.
Aunque el derretimiento del hielo marino flotante no eleva directamente el nivel del mar, su pérdida puede alterar el ecosistema antártico y las interacciones entre el océano, la atmósfera y el hielo. Esta cubierta también constituye un hábitat importante para organismos como el kril, que forma parte de la base de la cadena alimentaria antártica.
El episodio de la bahía de Breid muestra que la apertura de una polinia de enormes dimensiones puede producirse cuando coinciden varios procesos atmosféricos y oceánicos. Comprender cómo interactúan será fundamental para evaluar la evolución futura del hielo marino en la Antártida.






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