Sol Negro Fernando de Szyszlo ha muerto

Duelo. La cultura peruana acaba de perder a uno de sus artistas más importantes en la plástica. Un fatal accidente en su casa acabó con la vida del pintor y de su esposa, Liliana Yábar. Un hombre que obró en el arte y en la vida cívica de nuestro país.

10 Oct 2017 | 6:22 h

Sol negro en la pintura peruana. "Sol negro" como el título de uno de sus famosos cuadros. El artista Fernando de Szyszlo murió ayer junto a su esposa Liliana Yábar en un accidente dentro de su domicilio, en San Isidro. Ambos rodaron por una escalera. Szyszlo, pintor de arte abstracto, tenía 92 años y ella 96. Así se apagó la vida de un hombre que irrumpió en la cultura peruana, que suscitó no pocas polémicas alrededor del arte y la política de nuestro país.

Al cierre de nuestra edición, un informe escueto de la Policía Nacional del Perú señalaba detalles del accidente. A las 5:30 p.m., agentes de la policía acudieron al domicilio y hallaron los cuerpos inertes del artista y su esposa. El parte policial recoge el testimonio del señor Rómulo Rosas, que trabaja en la casa. El artista "tropezó en la última grada y fue en esas circunstancias que jala a su señora esposa".

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Lo que son las ironías de la vida. La tragedia ha rondado la vida del artista. No solo porque su hijo Lorenzo murió junto con otras 123 personas en 1996, en un accidente de aviación, sino porque Szyszlo muere en circunstancia similar en la que murió su tío, el escritor Abraham Valdelomar, quien pereció días después de rodar por una escalera en noviembre de 1919.

"(...) yo mismo he estado en Ayacucho, donde me señalaron el sitio en el que se cayó Valdelomar. Al rodarse la escalera se rompió la columna vertebral", escribe Szyszlo en su libro de memoria La vida sin dueño.

Pintor poseso

Fernando de Szyszlo Valdelomar nació en el balneario de Barranco, en Lima, en 1925. Su padre fue Vitold de Szyszlo, un científico naturalista polaco, residente en el Perú. Su madre, María Valdelomar Pinto, hermana de Abraham Valdelomar.

Se hizo contra la voluntad de su padre, es más, contra una carrera ya iniciada, la de ser arquitecto. Según refería, descubrió su vocación de artista cuando siendo estudiante de arquitectura de la Universidad de Ingeniería y tenía problemas con el dibujo, se matriculó en un taller de arte en la Universidad Católica. Y ahí se quedó para ser el artista que llegó a ser.

En agosto de 1949, viajó por primera vez a Europa junto a su primera esposa Blanca Varela. Siempre decía que ese viaje significó mucho, no solo porque hizo amistad con grandes hombres como Octavio Paz, Roberto Matta, Wilfredo Lam, Rufino Tamayo, Alejandro Obregón, André Breton, entre otros, sino también porque se encontró en los museos con las obras de los grandes maestros.

Contó que llegó a París creyendo que sabía dibujar. Al ver las obras maestras, se dio cuenta de que tenía que volver a empezar. Y así lo hizo, día tras día iba al Louvre a copiar dibujos.

Y eso ha sido su trabajo, pintar el cuadro soñado, aquel cuadro que siempre buscaba y que sabía que nunca lo iba a pintar.

Amigo de Arguedas, Emilio Adolfo Westphalen, Vargas Llosa, fue un hombre de cultura que no se calló en el campo del arte ni en la vida cívica de nuestro país. Polémico, por ejemplo, cuando acusaba la banalidad del arte actual o cuando cuestionó, en 1975, el Premio Nacional de Joaquín López Antay. Pero también radical, irreductible, contra los populismos, sobre todo contra la dictadura del fujimorismo.

En el arte lo dio todo. Su pintura evocó el mundo prehispánico. Están sus cámaras, su Inkarri, sus tótem y su "Sol negro" que tras su ausencia seguirá echando luces.

"Soy pintor. Esas dos simples palabras han dado sentido a mi existencia. ¿Es eso lo que quiero contar? Tal vez sí, pero no se trata solamente de mi vida. Sobre todo, quiero dejar constancia de toda una época de gran transformación del arte y la cultura en el Perú que me tocó vivir y en la que he tenido la fortuna de participar. ¿Se explica la vida de una persona de forma aislada? Pienso que no. Yo soy más yo gracias a mis amigos y las personas que he amado, también con las que he discrepado, las que he perdido y hasta algunas que no llegué a conocer, como los artistas y escritores que he admirado y han dejado huella en mí. Esa es la historia que quiero contar, ese es el sentido de estas palabras.

La memoria selecciona nuestros recuerdos, los conserva y elige. Algunos, casi siempre los mismos, a un primer plano mientras la gran masa de hechos y experiencias aparece desenfocada o simplemente tragada por la oscuridad del olvido. ´Somos nuestra memoria, somo ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos´".

 

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