Se ha aprendido muy poco

13 Sep 2017 | 6:00 h

El aumento del precio del cobre ha llevado a muchos analistas y también al gobierno a pronosticar un nuevo ciclo de crecimiento de precios. Con la calculadora en la mano, se prevé un aumento en los ingresos fiscales por impuesto a la renta y regalías, lo que podría solucionar –aunque sea en parte– el problema de la caída de los ingresos fiscales en los últimos años.

A ello se añaden las noticias sobre la próxima entrada de algunos proyectos. El más importante sería Quellaveco en Moquegua, de Anglo American, con una inversión de US$ 5,000 millones. Este proyecto tiene licencia social y en ello jugó un rol clave Martín Vizcarra cuando era Gobernador de la Región. Dicho esto, el Directorio aún no le da la “luz verde” final a la inversión.

También están la Mina Justa (cobre, Ica) del Grupo Brescia con US$ 1,350 millones, así como la ampliación de la mina de cobre Toromocho de Chinalco por US$ 1,300 millones. Los acompaña la mina de hierro Pampa del Pongo, del grupo chino Zhongrong Xinda, con US$ 1,500 millones, a la cual se sumaría Michiquillay (cobre, principalmente) en Cajamarca, con US$ 2,000 millones, a ser licitada por Proinversión. Tía María del Grupo México también está en el bolo pero no cuenta hasta ahora con licencia social.

Pero los “buenos deseos” no significan que se viene un nuevo ciclo de altos precios. Dice Nouriel Roubini que los pronósticos no han sufrido grandes alteraciones, pues, de acuerdo a la data del London Metal Exchange, las importaciones han crecido poco y los inventarios globales apenas si han caído, aunque algo más en China –dicha caída empuja al precio al alza pues se tienen que reponer los stocks– (Roubini Monitor, 08/09/17).

Es por eso que muchos miran a los factores especulativos para explicar el alza. Según la Comisión de Futuros de Commodities (CFTC), organismo del gobierno de EEUU, las posiciones netas de los negociadores (“traders”) no comerciales (especulativos) en los mercados de futuros de Chicago y Nueva York han venido subiendo fuerte, pasando de menos de 20,000 a 48,863 contratos desde julio hasta el 5 de setiembre, un alza superior al 100%. Dice el CFTC que los contratos en manos de los “traders” especulativos superan a los comerciales.

En los últimos días el “rally” del cobre ha tenido algunos retrocesos, lo que estaría reflejando su fragilidad. Bloomberg dice que “Barclays había advertido a sus clientes en agosto que las caídas en la producción habían sido exageradas, mientras que Goldman Sachs dijo que el cobre estaba sobrevaluado en 10%. Hasta Oscar Landerretche, presidente de Codelco, dijo que las ganancias de los últimos meses no eran sostenibles” (Bloomberg, 12 de setiembre).

Sea lo que fuere, lo que se instala aquí es un debate central acerca de la excesiva dependencia de los países en sus recursos naturales, como la minería para el Perú y Chile, los hidrocarburos para Venezuela, Ecuador y Colombia y los productos agrícolas en el caso de Argentina y Uruguay.

Desde nuestro punto de vista, no se trata de recusar el aprovechamiento de estos recursos (siempre que cumplan con la licencia social, fiscal y ambiental) sino de ubicar la estrategia de desarrollo en un contexto que permita prender otros motores para lograr el crecimiento y el desarrollo económico. Hasta el Banco Mundial ya nos ha dicho que las políticas que nos llevaron a ser un país de ingresos medios-altos no son aquellas que nos llevarán a sobrepasar la barrera de los US$ 12,000 anuales de ingreso promedio per cápita para llegar a ser un país de ingresos altos.

Y, ojo, no olvidemos que los “ingresos promedio” de hecho esconden la desigualdad de los ingresos al interior del país. Justamente, es esa desigualdad la que se expresa a diario en el país y que acabamos de experimentar con la huelga de maestros aunque, claro, esa huelga no solo expresa un “malestar salarial”.

Lo más preocupante es que poco se ha aprendido de la excesiva dependencia en los precios de los minerales, por lo cual no se han sacado las lecciones correspondientes. Esto se aprecia claramente con el “entierro” de la diversificación productiva que ha hecho el Ministerio de la Producción con el Plan del ex ministro Piero Ghezzi. Muchas cosas se pueden criticar de ese Plan, pero no su orientación general que, incluso, fue saludada por los economistas Ricardo Hausman y Dani Rodrik, en el caso de las Mesas Ejecutivas, orientadas a solucionar cuellos de botella en diferentes sectores del aparato productivo.

Y ese impulso trae consigo la consecución del valor agregado y mayores empleos de calidad, así como la posibilidad de diversificar exportaciones. Pero en el gobierno no se piensa así, pues se minimiza la diversificación productiva que, según el ministro Olaechea, “se ha convertido en un mantra, no en una realidad” (El Comercio, 26/07/17). La alternativa sería más de lo mismo: esperar que la improbable alza permanente de las materias primas, aplicando las mismas políticas, produzca resultados distintos. O sea, pedirle peras al olmo.

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