Abimael Guzmán: Todo empezó con la carta de una madre angustiada por su hijo senderista

Entre la inteligencia y la brutalidad. Los oficiales y agentes del Grupo Especial de Inteligencia de la Dirección Contra el Terrorismo relatan el papel decisivo que cumplieron en la extraordinaria "Operación Victoria" para detener a Abimael Guzmán y así descabezar a la organización terrorista más letal de la historia del Perú. Mientras el gobierno de Fujimori y Montesinos decidió responder con el terror, el Gein eligió el camino de la inteligencia operativa. Y tuvieron notable éxito.

12 Sep 2017 | 6:15 h

El cabecilla terrorista Abimael Guzmán Reinoso estaba convencido de que en 1992, matando selectivamente a sus enemigos, uno por uno, y con espantosa crueldad, como ocurrió con la dirigente popular María Elena Moyano que se le opuso tenazmente; volando en masa a la población en la capital, como hizo con los vecinos de la calle Tarata; y sembrando cotidianamente un cochebomba cada vez más potente contra establecimientos públicos, convertiría Lima en el principal teatro de acciones de una guerra que había iniciado hacía 12 años y que creía que estaba ganando. 

El gobierno de Alberto Fujimori, que comenzó el 28 de julio de 1991, dio un golpe de Estado el 5 de abril de 1992, y hasta ese momento no había dado muestras de una respuesta eficaz que revirtiera la escalada de violencia terrorista. Su nueva estrategia de responder al terror con el terror no daba frutos concretos. El "escuadrón de la muerte" que autorizó que se formara con agentes del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), y que operaba bajo el nombre de Destacamento Colina,  no consiguió detener para nada a los terroristas. Las masacres de Barrios Altos, el 3 de noviembre de 1991, y de Barrios Altos, el 18 de julio de 1992, no apaciguó la brutal escalada senderista que sacudía Lima. No tuvieron efecto los asesinatos simplemente porque las víctimas no eran militantes probados.

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Las esperanzas se cifraban en un equipo de agentes de la Dirección contra el Terrorismo (Dincote), constituido el 5 de marzo de 1990 como el Grupo Especial de Inteligencia (Gein), que comenzó sin presupuesto, sin logística, sin vehículos, pero estaba conformado por un equipo de oficiales que se habían propuesto responder a Abimael Guzmán con una estrategia basada en la inteligencia. Si el autotitulado “presidente Gonzalo” aplicaba un esquema de guerra inspirado en el líder chino Mao Zedong, el Gein lo haría a partir de las enseñanzas del maestro chino Sun Tzu. El objetivo era golpear a la cabeza de la maquinaria  terrorista de la muerte.

El coronel PNP (r) Benedicto Jiménez Bacca, fundador y jefe operativo del Gein, recordó esos días aciagos en los que los agentes antiterroristas no solo debían sortear la contravigilancia de los terroristas para que no atraparan a su líder sino también tenían que sortear la fuerte presión de las autoridades de la época que no comprendían su silenciosa estrategia de la inteligencia operativa y les exigían resultados todos los días, mientras que los senderistas perpetraban matanzas masivas en el interior del país y en Lima sembraban la sensación de que el terrorismo vencería. 

El plan para dar caza al “presidente Gonzalo” empezó con una carta de una madre de familia angustiada que logró rescatar a su hijo estudiante que había sido captado por una senderista que usaba el alias de camarada “Isa”, y cuyo verdadera identidad era Judith Díaz Contreras. La mujer dejó nombres, direcciones y otra información relevante que entregó a la policía para que detuvieran a la terrorista y a su célula. La primera operación del Gein sería contra “Isa”, la que proporcionaría la punta de la madeja que conduciría hasta la guarida de Guzmán.

Jiménez recordó esos días. Estaba convencido de que con la detención de Guzmán, un tipo que disfrutaba del culto a la personalidad de sus seguidores, que se creía invencible, omnipresente y todopoderoso, se derrumbaría Sendero Luminoso como un castillo de naipes. Esto es lo que relató Benedicto Jiménez:

Abimael Guzmán creía que Sendero Luminoso estaba en el penúltimo plan de su estrategia maoísta: construir la conquista del poder. Cada plan demandaba entre 4 a 8 años. Si no caía Guzmán en 1992 era factible conquistar el poder. Ese era el objetivo de Abimael. No podíamos negar que se trataba de un estratega, porque después de 12 años (1980-1992) puso al borde del colapso al Estado peruano y al sistema democrático. Capturar a un personaje como Abimael Guzmán no sería fácil. Llega un momento en que te obsesionas tanto con tu enemigo, al punto que hasta duermes pensando en él, te levantas pensando en él, y llegas a conocer cómo procesa sus ideas, qué siente, cómo actúa, qué lee, qué le gusta y, cuando cae preso, uno se siente liberado de tamaña responsabilidad. En esa época no teníamos experiencia de la detención o caída de un maoísta en plena lucha de la talla de Guzmán. Hay que entender que todos los maoístas o dirigentes maoístas históricamente conquistaron el poder, como Mao Zedong. Estos líderes tienen algo que los diferencia que son como semidioses, y cuando uno de estos cae, resulta detenido, es fatal, es trágico para su organización, y eso lo comprobamos con los años posteriores cuando empezó a fraccionarse la organización, poco  a poco iba reduciéndose a su mínima expresión. 

El general Antonio Ketín Vidal llegó a la Dincote como el número dos en un momento en que el Gein tenía poco más de un año de trabajo. Especialista en inteligencia, no tardó en observar la importancia del trabajo del Gein que entonces era conducido por el comandante Marco Miyashiro Arashiro secundado por su jefe de operaciones el mayor Benedicto Jiménez. Así lo recordó el general Vidal:

En mayo de 1991 fui cambiado a la Dincote, en el cargo de subdirector. El director de esa unidad era el general Héctor Jhon Caro. Mi función era hacerme cargo de todo el campo de inteligencia de la Dincote. La Dincote era la gran unidad de la lucha contra el terrorismo, pero estaba totalmente descuidada y abandonada. Era un desastre. Trabajaban ocho grupos llamados Deltas que hacían la misma cosa. Los agentes se esforzaban y amanecían, pero tenían poca efectividad porque la organización no era la adecuada. En esa época en la Dincote se investigaba a los terroristas como delincuentes comunes y se aplicaban los mismos  métodos de investigación y seguimiento. Había un aproximado de 600 hombres que habían convertido la unidad en una suerte de refugio. Eran el lumpen de la institución. Durante esa época, el mayor Benedicto Jiménez, quien trabajaba con un pequeño grupo de seis hombres, hacían un trabajo propio y diferente sobre el que me informaba. El primer trabajo sería el seguimiento de una senderista que se hacía llamar “Isa” (Judith Díaz Contreras). La “Operación Isa” se produjo el primero de junio de 1991. Sin embargo, en noviembre del mismo año, se produjo el relevo del general Héctor Jhon Caro, debido a un incidente sobre la pérdida de un dinero. Fue así que me designaron como jefe de la Dincote, porque era el número dos. Al asumir la dirección terminé de comprobar que la Dincote estaba en total descuido. Sin embargo, en esas condiciones el grupo del mayor Jiménez llevó a cabo varias operaciones y acumularon información a partir de la “Operación Isa”.  La gente de Jiménez descubrió que se reunían algunas cabezas importantes de Sendero Luminoso en la casa de “Isa” en La Victoria, como Elena Iparraguirre, Sybila Arredondo y otras personalidades de la cúpula. La “Operación Isa” nos condujo a la “Operación Victoria”, que concluyó con la detención de Guzmán.

Pero había un problema que entorpecía el trabajo del Gein: el gobierno de Fujimori, más precisamente Montesinos, como parte de su estrategia de responder al terror con el terror, impuso a la Dincote a un grupo de agentes del SIE para que se instalara dentro de las oficinas de la policía antiterrorista. En ese grupo del SIE estaban los oficiales del Ejército que luego constituirían el Destacamento Colina. Dijo Jiménez:

Unas decisiones que fueron gravitantes para el Gein, que si no se hubiera hecho, el panorama podría haber sido otro, fue sacar al grupo de analistas del SIE que  luego pasaron a formar el Grupo Colina. Ellos estaban muy empecinados en trabajar con nosotros. El SIE tenía una pequeña oficina de análisis en el mismo piso donde funcionaba el Gein. El SIE analizaba algunos documentos  que conseguíamos en las incursiones en las casas de los dirigentess senderistas. Montesinos puso especial atención en ello. Montesinos tenía buen ojo para esas cosas. Pero los analistas del SIE tuvieron que irse de la Dincote.

Mientras que los agentes del SIE salieron de la Dincote para matar selectivamente a presuntos senderistas, los del Gein siguieron con su estrategia de ubicar el escondite de Guzmán con el convencimiento de que su captura sería el descabezamiento de la organización y el principio de su derrumbe definitivo. Y así sería.

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