Recordando a Marina Keegan: “Lo contrario de la soledad”
La escritora norteamericana tenía 22 años cuando falleció. Era una estudiante brillante de Yale y acababa de ser contratada por The New Yorker. Su libro póstumo, “Lo contrario de la soledad”, nos dice mucho de cómo llevaba el oficio literario siendo tan joven.

No todos los libros que uno lee son una maravilla en cuanto a tema y forma. Pero hay que tener mucho cuidado al calificarlos, no bajarles el dedo sin someterlos a la reflexión que merece todo texto, por más irregular o malo que sea el mismo.
La experiencia me ha enseñado lo siguiente: los libros imperfectos, al final del partido, tienen más posibilidades de sobrevivir que aquellos saludados hasta el hartazgo a cuenta de su perfección temática y formal. Pues bien, uno de esos libros imperfectos que ya sobreviven a la criba de los celadores, y que gozan de los favores de los lectores (a quienes, pienso, no les interesa mucho si la publicación es perfecta o no), es el siguiente: Lo contrario de la soledad (Alpha Decay) de la escritora norteamericana Marina Keegan (1989 – 2012).
Marina Keegan falleció a los 22 años, en un accidente de tránsito, a días de graduarse magna cum laude en Yale. Pues bien, mientras se celebraban los funerales de Keegan, un texto suyo, homónimo al título de la presente publicación, escrito para el periódico de la universidad, se hizo viral.
Más allá de la introducción de la escritora Anne Fadiman, introducción que nos revela el despliegue vital que Keegan depositaba en cada uno de sus intereses creativos e intelectuales, que bien podríamos de calificar de poliédricos, nos queda lo que en realidad nos debería importar: la escritura de Keegan.
Si algo sobrevivirá por buen tiempo a este libro póstumo, dividido en dos secciones, Ficción y No ficción, es precisamente su actitud devoradora y celebratoria de la vida, actitud que le dio sentido a la prosa de Keegan al definir su mirada. No hay que pensarlo mucho, nos enfrentamos a una escritora que lo entregó todo como escritora. Se colige que nos estamos refiriendo a una escritora incompleta, imperfecta, sí, pero rica en visión del mundo y sensibilidad. Keegan, como escritora de ficción, sabía mirar y escuchar, detalles que vemos en sus cuentazos “Fría pastoral” y “Leer en voz alta”, que se ubican muy por encima de la irregularidad de los demás cuentos de la sección Ficción. Pero no hablamos de una irregularidad por carencia de oficio, sino por carencia de madurez. Pese a la carencia de madurez narrativa de los demás relatos, estos no dejan de exhibir un nervio narrativo, una administración inteligente de la estructura que exige cada uno de los textos que componen la sección. No lo vamos a negar, a estos relatos les faltaba un mayor tiempo de maceración, pero les sobraba intensidad. La intensidad de Keegan no estaba ligada al efectismo tan característico e inevitable entre los narradores jóvenes. Con lo escrito en ficción, Keegan era más que una saludable proyección.

"Lo contrario de la soledad". Imagen: Difusión.
Sin embargo, lo de mejor de la autora lo vemos en los textos de No Ficción. Aquí nos encontramos con una Keegan en estado de gracia salvaje. Nos encontramos con la Keegan que Fadiman nos presenta en la introducción.
Basta con la lectura de estos ensayos para atesorar este libro en cualquier biblioteca que se respete, en esa sección destinada a los libros a frecuentar en tiempos de inutilidad existencial. Keegan exhibe una festiva y feroz mirada crítica del mundo. Marina Keegan no pontifica. No juzga. Se ubica muy lejos de la solemnidad del ensayismo. Sus ensayos tienen una clara intención: transmitir al lector. Y vaya que lo logra, su actitud de esponja irreverente le brinda una posibilidad que no desaprovecha: escribe y piensa de los tópicos que le vienen en gana. Lo vemos, principalmente, en “Por qué nos preocupan las ballenas”, “Contra el cereal”, “Mato por dinero”, “Las alcachofas también dudan”, “El arte de la observación” y “Canción para los especiales”. Y para que tengamos una idea más clara del alcance de Keegan como ensayista: ya había sido contratada por la revista The New Yorker.
Es cierto lo que se dice de Keegan: escribió de lo que vivió para impactar en el mundo. De seguir con vida, ¿cómo hubiera sido la literatura de Marina Keegan? Es una pregunta válida que nos ayuda a especular, con mayor razón si hablamos de alguien joven. Keegan quería ser escritora y su presencia en la mencionada (y monumental) revista literaria, nos indica que sí tenía futuro. Lo contrario de la soledad la rompió, elevó a Keegan a la altura de las leyendas, y ha sabido mantenerse vigente desde su publicación en 2014. Por ejemplo, muchos de los temas que hoy agobian a los jóvenes, Keegan los visionó y desmontó, como la empatía, la esperanza y la falta de comunicación entre las personas en un mundo cada vez más conectado. La temática de Keegan partía de una universalidad. Para ella no existían los grandes y pequeños tópicos. Ese fue siempre su secreto. Léanla. Este libro puede hallarse en librerías y en plataformas.