UNSA y restaurantes de Arequipa le dicen adiós al plástico

Prácticas saludables. Este material de apariencia inofensiva es letal. La fauna marina, una de sus principales víctimas. Muchos peces mueren intoxicados. Conscientes de esa realidad varias instituciones en Arequipa ya no lo usan. Palmas para la UNSA, el restaurante El Cevillano y también La Palomino, que suprimieron el uso de plástico.

Prácticas saludables. Este material de apariencia inofensiva es letal. La fauna marina, una de sus principales víctimas. Muchos peces mueren intoxicados. Conscientes de esa realidad varias instituciones en Arequipa ya no lo usan. Palmas para la UNSA, el restaurante El Cevillano y también La Palomino, que suprimieron el uso de plástico.

El plástico mata. Pese a su toxicidad, forma parte de nuestra vida cotidiana. Lo usamos hasta para comprar pan. Desaparecer el plástico no es fácil, termina en los basurales y luego en los mares matando a las especies marinas. 

Para que una simple bolsa se degrade, tiene que pasar un siglo. El táper de tecnopor (poliestireno expandido) dura cinco siglos. Se desintegra en partículas tan diminutas que intoxican a la fauna marina.

Doriña Castro, especialista ambiental de la Subgerencia de Gestión Ambiental del municipio de Arequipa, sabe del efecto nocivo del plástico y que pese al trabajo que hacen en las viviendas para promover el reciclaje, a la población no le interesa. 

Sin embargo, no todo es malo. También, surgieron iniciativas innovadoras para desterrar el uso de este material que tiene entre sus componentes el petróleo. Desde el 13 de agosto, la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA) puso en marcha una norma que prohíbe el expendio y consumo de bebidas y alimentos en envases o bolsas de plástico.

La universidad tiene 30 000 alumnos y la generación de residuos con ese material al día era de 60 a 70 kilos. El director de la Oficina Universitaria de Responsabilidad Social, Aldo Enríquez, señala que desde la vigencia de la norma, la cantidad se ha reducido considerablemente y lo observan a diario en el recojo de la basura

En los quioscos del área de Sociales, se ve el cambio. Los jugos y refrescos de fruta, que antes se vendían en botellas de PET (Tereftalato de polietileno), ahora lucen en jarras de vidrio. “Ya no damos para llevar y los alumnos toman el jugo aquí”, señala una de las comerciantes. Tampoco hay gaseosas ni agua mineral en envases de plástico, solo de vidrio.

Los envoltorios de plástico —en los que se servían los sándwiches de hamburguesa, pollo, hotdog o huevo— fueron reemplazados por los de papel. A la vendedora Lucía Choque, le impactó un documental que mostraba cómo los peces en el océano terminan ingiriendo el microplástico o mueren ahogados por las mallas de pesca desechadas. De acuerdo a un informe de la National Geographic, los humanos tiramos al año ocho millones de toneladas de plástico al mar. Por eso, Lucía Choque, quien trabaja desde los 19 años en su quiosco de la UNSA, recibió de buena manera la norma.

“Ha tenido una aceptación sin precedentes”, dice Aldo Enríquez. Al mismo tiempo, revela que la universidad tiene el proyecto de adquirir 30 000 envases para agua o “tomatodos” para los alumnos y así evitar que tengan la necesidad de comprar agua envasada en botellas de plástico.

Pero no todo es “color de rosa”. En los exteriores de la universidad, están los comerciantes que venden desayunos y otras bebidas en botellas. Enríquez reconoce que eso no lo pueden controlar. Será complejo cambiar la mentalidad de esa gente.

POCO ES RECICLABLE 

Doriña Castro de la Subgerencia de Gestión Ambiental cuenta que intentaron trabajar una ordenanza para restringir el uso del plástico en el Cercado; sin embargo, al no haber un marco legal, toda intención se cae.

Esperan que la ley que busca regular el uso de plásticos de un solo uso y los descartables sea aprobada en el Congreso. Hasta el momento, el proyecto recibió el visto bueno en la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología.

Solo en Arequipa distrito, la generación de residuos sólidos llega a 709 toneladas diarias, de acuerdo al Plan Integral de Gestión Ambiental de Residuos Ambientales (Pigars) 2017-2028.

De esta cantidad, el 2.18 % es plástico duro y el 1.99 % es plástico PET. Castro manifiesta que del total de la basura, el 16.43 % es material reciclable. A su vez, de esta cantidad, el 17.54 % corresponde a PET y el 5.45 % es plástico duro.

Esas cantidades son recicladas por las asociaciones que se han formado y están formalizadas para comercializarlas a los acopiadores medianos, que las reinsertan al mercado o las transforman en artículos como bolsones o mantas polares. Su trabajo es sacrificado. La venta es comunitaria y las ganancias se reparten. En el Cercado, hay 30 recicladores formalizados y, en toda Arequipa, 104. 

OTRAS INICIATIVAS

Para disminuir el uso del plástico, la picantería La Nueva Palomino, ubicada en Yanahuara, lanzó una propuesta a sus comensales: que lleven sus viandas para los pedidos a casa y así dejen de usar los envases de tecnopor.

La cevichería El Cebillano apostó por cambiar todos los envases tradicionales: tecnopor y plástico de cañitas, cubiertos y bolsas de papel. Ahora optaron por envases biodegradables. Sofía Sarmiento, asistente de Gerencia, explica que esos envases se fabricaron con fibra de caña de azúcar. Los sorbetes, de almidón de maíz.

Estos productos son traídos desde Lima y han representado un incremento en los gastos operativos. “Es algo que estamos cubriendo para no tener el impacto negativo en el ambiente”, explica. Al mes, utilizaban en promedio 700 táperes de plástico grandes y otros 500 pequeños.

Leyla Rosell, una ingeniera biotecnóloga, también apostó por estos envases. Ella los adquiere de Lima y ahora los comercializa en Arequipa. Su empresa Bioenvases Aqp trae táperes, platos y vasos hechos de caña de azúcar. Un ciento llega a costar 89 soles, mientras que de plástico tradicional está entre 25 y 30 soles. La diferencia de precios es evidente.

Rosell sostiene que mientras los plásticos tardan cientos de años en degradarse, estos envases son compostables. Se pueden enterrar y se descomponen en 120 días. Sin duda, son más saludables para el medio ambiente

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