Opinión

¿Diciembre caliente? ¿tibio? ¿frío?, por Mirko Lauer

"El país ha empezado más bien a orientarse hacia lo electoral. Los principales partidos del Congreso vienen organizando el bloqueo de sus importantes competidores, existentes o por existir".

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Da la impresión de que los protagonistas del pos diciembre siete se están preparando para un primer aniversario dramático. Es casi seguro que participantes de aquellas marchas, que incluyen protestantes, vándalos o represores, se van a llevar un chasco. Un poco como quienes han intentado con los años hacer una Marcha de los Cuatro Suyos bis.

Algunas movilizaciones vamos a ver llegado diciembre, pero no el estallido social con que nos amenazan sus promotores. Con un año de hogares perdiendo niveles de consumo, la política se ha vuelto menos emocional y más reflexiva. Más que incendiar la pradera, ahora se trata de instalarse ante el electorado como oposición fuerte.

El país ha empezado más bien a orientarse hacia lo electoral. Los principales partidos del Congreso vienen organizando el bloqueo de sus importantes competidores, existentes o por existir. Esto ha activado el mercado de las inscripciones políticas, y de paso el ya viejo debate sobre si más candidatos es mejor que menos candidatos.

Además el mapa político del país está cambiando, al menos por un momento. Las inundaciones del norte y las sequías del sur son dos amenazas serias, ninguna de ellas promotora de salidas furiosas a las calles. Más bien es un tiempo de búsqueda de líderes opositores solventes, con capacidad de atraer suficiente ayuda del Estado.

Si va a haber vientos de fronda en la política peruana, estos vendrán algo más adelante, cuando las agrupaciones necesiten imponer la idea de que siempre fueron claros opositores. Para eso nada como aparecer en la TV junto a unas cuantas llantas quemadas. ¿Declararse castillista será una forma rentable de hacer oposición?

Mientras tanto este fin de año político estará marcado por el ajuste económico que se está viviendo. Haber adelantado la campaña publicitaria navideña no está resolviendo el problema. Dina Boluarte está aprovechando para hacer promesas de mejoras a corto plazo, que solo están sirviendo para poner la angustia económica en foco.

Resumiendo: nada de megaprotestas en diciembre y más bien movilizaciones fuertes para más adelante, digamos fines del 2024. Los pronósticos se inclinan hacia desastres naturales, no fabricados. Si el Gobierno sale más o menos airoso de ese desafío, veremos un partido boluartista a la pesca de un futuro parlamentario.

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