Opinión

Caos y violencia urbana

Se incrementan los enfrentamientos de delincuentes en las calles.

EDITORIAL
EDITORIAL

Los brotes de violencia urbana surgen en los distritos y barrios sin mayor control. Se incrementan las disputas entre bandas por los ingresos provenientes de la extorsión, los cupos, los robos.

En otra parte de la ciudad, los sicarios acaban con la vida de alguien que se negó a pagar o no quiso ceder el control de las mafias de las mototaxis o del proxenetismo.

La TV satura sus noticieros con esas imágenes y la sensación de desprotección de ciudadanos crece ante la pasividad de las autoridades o las respuestas evasivas.

Pero la presidenta dice en foros internacionales que el país goza de paz y tranquilidad. Sus ministros han tratado de suavizar la frase y niegan lo evidente: la violencia urbana gana las calles y poco o nada se logra con estados de emergencia que solo aumentan la decepción y propician el sálvese quien pueda o, lo que es peor, la justicia por propia mano.

En los distritos en emergencia han ocurrido crímenes de autoridades y asesinatos de civiles a manos de sicarios, se han lanzado granadas a locales de diversión con gente en el interior, se han desatado peleas entre pandillas y otros hechos de violencia que muestran que el remedio empleado no es el adecuado.

Las bandas urbanas internacionales amenazan mediante videos a la delincuencia local, los difunden por las redes sociales y sus enfrentamientos son de tal magnitud que en distritos como La Victoria, y en especial en El Agustino, se decreta la suspensión de las clases escolares por los disturbios y hasta se estudia la vuelta a la virtualidad desde el Minedu.

¿El crimen organizado está ganando la batalla? Esperemos que no. Seguimos ascendiendo en la escala de las ciudades más peligrosas de la región. Sin embargo, aún quedan alternativas no autoritarias que desde la participación ciudadana pueden contribuir a la construcción de la paz. Para ello, se requiere establecer una alianza sólida desde las bases de la sociedad: familia, escuela, comunidad, e impulsar una cultura de tolerancia, diálogo y democracia.

La incapacidad de este Gobierno para oír, entender, resolver, se hace cada vez más evidente. Una foto parece valer más que una vida, mientras se trata de echar tierra sobre la memoria colectiva. Por ello, la tarea corresponde a los nuevos liderazgos de los más jóvenes, de las regiones, de los Gobiernos locales, los colectivos. Devolver el tejido social que rompió y destruyó el fujimorismo es un pendiente impostergable si se busca salir del caos y devolvernos la paz.

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