Pilar Ortiz de Zevallos

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Las independencias norteñas

“San Martín en el Reglamento Provisional del 12 de febrero de 1821 ascendió a las ciudades norteñas a la categoría de provincias y distritos, como una manera de premiarlas y asegurar su apoyo a la gesta”.

Con las reformas borbónicas de 1784, se crea la intendencia de Trujillo, la cual centralizaba la administración económica y política del norte peruano.

Entre diciembre de 1820 y junio de 1821 la referida intendencia, casi el tercio del territorio del Perú actual, se liberó de la corona española y nunca más volvió a ser gobernada por ella. Esta gesta tuvo tal significado para la independencia del Perú que San Martín cuando se refería al año 1820, en sus escritos, lo sindicaba como el primer año de la libertad.

Tras declarar la independencia en la ciudad de Trujillo, Torre Tagle mandó a las diferentes provincias norteñas sobres lacrados conminándolas a reunirse en cabildo abierto para proclamar su independencia de la administración española.

Cada una de estas localidades tenía su propia realidad económica y social, así como particulares intereses. A pesar de estas diferencias, compartieron los mismos ideales libertarios que se reflejaron en la cercanía con que proclamaron su emancipación: Trujillo (29 de diciembre de 1820); al año siguiente, en 1821, San Pedro de Lloc (1 de enero), Pacasmayo (2 de enero), Huamachuco y Piura (4 de enero), Tumbes (7 de enero), Cajamarca (8 de enero), Chota (9 de enero), Jaén (4 de junio), Chachapoyas (6 de junio) y Otuzco (22 de junio). Todas ellas proclamadas antes de la realizada en Lima el 28 de julio de 1821.

San Martín en el Reglamento Provisional del 12 de febrero de 1821 ascendió a las ciudades norteñas a la categoría de provincias y distritos, como una manera de premiarlas y asegurar su apoyo a la gesta.

El camino para constituirnos en un nuevo Estado, durante esos años, recién empezaba. El malestar económico suscitado por las reformas borbónicas, que favorecía a unas ciudades en perjuicio de otras, abonó el terreno para la independencia.

El desafío en esos momentos era no sólo unir las voluntades para liberarnos de España, sino trazar objetivos comunes para construir un desarrollo económico y social sostenible. Reto que aun hoy se mantiene presente.